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A propósito de San Valentin: Los ocho “efectos secundarios” del amor según la ciencia

A propósito de San Valentin: Los ocho “efectos secundarios” del amor según la ciencia

Una batería de procesos cerebrales y hormonales alteran nuestro comportamiento cuando nos enamoramos. Hay indicios de que facilitan la confianza, la adicción, la fidelidad y la obsesión.

1.- El enamoramiento, una «droga» con sentido biológico

Puede comenzar con un flechazo que nos hace sentir mariposas en el estómago. Puede hacerse adictivo a partir del primer beso y si se llega a un feliz encuentro sexual, la suerte está echada: el amor llega como una ola. Nos cambia por completo y nubla nuestro entendimiento. Nos hace volar desde los sentimientos de cariño, euforia y obsesión por la persona amada, al estrés y al desamparo más absoluto cuando la otra persona nos falta. El amor puede ser beneficioso a largo plazo, pero cuando rompemos, la sola visión de la ex-pareja en una fotografía puede activar las mismas regiones cerebrales que se activan cuando una tira caliente nos hace daño en el brazo. El amor es una fuente de felicidad. Y de dolor.

Esa tormenta de sentimientos es resultado de un cóctel de hormonas y del baile de múltiples regiones cerebrales que activan respuestas similares a las que activan algunas drogas como la cocaína o los opiáceos, y que en otros casos tienen cosas en común con algunos comportamientos obsesivos. Para añadir más confusión al cerebro de los enamorados, resulta que hombres y mujeres tienen, al menos en sus sistemas endocrino y nervioso, distintos conceptos de lo que es el amor, y responden de forma diferente al apego y al sexo.

Además, resulta evidente que el enamoramiento evoluciona a lo largo del tiempo. En general se considera que comienza con una etapa de excitación, euforia e inseguridad y que le sigue una fase de seguridad, calma y equilibrio. Por último, y varios años después de que comience el idilio, se piensa que el enamoramiento adquiere unas características muy similares a las de la amistad.

Todo esto ha intrigado tanto a los científicos, que se han decidido a estudiar el funcionamiento de las hormonas y la actividad de algunas regiones cerebrales en ese proceso que llamamos amor (del romántico, del que se ve en las películas). Así que, cuando no ha sido posible analizar a los humanos, han estudiado el comportamiento de algunos mamíferos y sus conceptos del amor para intentar aprender más acerca de las personas. Como resultado, y siempre teniendo en cuenta que la psicología, la cultura y la vida social tienen un enorme peso en el comportamiento del ser humano, se han sacado algunas conclusiones que pueden proporcionar algunas pistas acerca del misterio del amor.

Monogamia… hasta cierto punto

Al final, después de considerar todo este mejunje, parece que el ser humano se comporta como un monógamo seriado que cambia cada cuatro años de pareja, según las estadísticas hechas por algunos científicos. Pero también es verdad que hay parejas que dicen sentir pasión aún después de 20 años de relación y que la monogamia tiene un importante componente social. Por otro lado, hay quienes consideran que el enamoramiento es el equivalente al cortejo de los animales, y que su función es establecer lazos con la pareja mientras dura el cuidado de la descendencia durante los años en que esta es más vulnerable.

Si el conjunto resulta muy prosaico, siempre se puede recurrir a la poesía y a las obras de los trovadores para entender cómo nos afecta el amor. Pero de momento, nosotros hablaremos de los cambios hormonales y cerebrales que el enamoramiento produce y su repercusión sobre nuestras emociones.

2.- Nos hace más fieles

Hay un roedor parecido a un ratón con sobrepeso y que vive en América del Norte. Tiene la costumbre de cavar túneles entre la hierba y bajo la nieve para protegerse, y se le conoce como ratón de la pradera, aunque los científicos prefieren llamarle «Microtus ochrogaster». Hasta ahí no resultaría demasiado llamativo, si no fuera porque los machos y las hembras son fieles a sus parejas incluso hasta después de quedarse «viudos», y porque además les gusta poner mucho esfuerzo en proteger a sus crías. Sin embargo, un «pariente» próximo a estos animales y llamado ratón de montaña, hace más bien todo lo contrario. Frente al «matrimonio» idílico de su compadre de la pradera, el roedor de la montaña va de flor en flor y no le hace demasiado caso a las crías.

Pues bien, los científicos han descubierto que estos comportamientos tan diferentes tienen su origen en el cerebro. Más concretamente, resulta que algunas regiones cerebrales de los ratones fieles y monógamos son más sensibles a dos sustancias que funcionan como mensajeros químicos y que se llaman oxitocina y vasopresina. Se ha visto que cuando estos animales «ligan», la oxitocina y la vasopresina se liberan en sus cerebros y les llevan a estrechar lazos con su pareja, pero que cuando se impide que estos mensajeros funcionen, se comportan de forma promiscua. Para asegurarse de la importancia de estas sustancias, los investigadores observaron que los ratones de montaña en los que se había aumentado la sensibilidad a estos compuestos dejaban de ser promiscuos y que se volvían monógamos.

Ahora bien, como los cerebros humanos son mucho más complejos que los cerebros de los ratoncillos, no se podrá decir «ha sido por culpa de la oxitocina» en vez de «no es lo que parece». Pero los investigadores sí han concluido que estas dos sustancias son importantes para establecer lazos de fidelidad y cariño en las parejas humanas. En parte esto ocurre a través de un circuito de recompensa del que hablaremos más adelante y que es uno de los mecanismos que está detrás de la satisfacción que produce hacer el amor.

Curiosamente, estas sustancias no solo tienen efectos en el cerebro de los ratones y de los humanos, sino que tienen ejercen su función en zonas muy variadas. Por ejemplo, la estimulación sexual de la hembra durante el coito aumenta la secreción de oxitocina, la cual interviene en las contracciones uterinas que ocurren durante el orgasmo. Pero no solo eso, porque esta sustancia también tiene su papel en las contracciones que se producen durante el parto y además es la hormona de la lactancia: en respuesta a la succión del bebé en los pezones, esta hormona produce la eyección de leche al provocar la contracción de unos «músculos» que rodean a las glándulas mamarias. Por otro lado, la vasopresina, también conocida como hormona antidiurética, disminuye la producción de orina y aumenta la retención de líquidos, así que es uno de los factores que regula la presión sanguínea.

3.- Facilita que confiemos más

La oxitocina está implicada en el proceso de selección de pareja, en la lactancia o en las contracciones del útero, y además se guarda otro as bajo la manga. Algunas investigaciones han analizado el papel de esta hormona en ciertas interacciones sociales y han concluido que tiene cierto papel en la inducción se sentimientos de confianza.

Así, parece que esta molécula ayuda a superar el miedo a la novedad durante las primeras etapas del amor romántico y a confiar en nuestra pareja. Además, en trabajos previos, se ha sugerido el papel de la oxitocina en la regulación del comportamiento social humano, en el reconocimiento de expresiones faciales, la confianza en transacciones económicas, etc.

4.- Nos vuelve “adictos” a una persona

El enamoramiento puede hacernos adictos a los besos, a las caricias o incluso al olor de nuestra pareja y quizás no solo en un sentido metafórico. Se cree que durante el enamoramiento se libera una sustancia, llamada dopamina, que es capaz de activar unos mecanismos cerebrales de recompensa que están implicados en comportamientos adictivos y que influyen en que ciertas acciones nos resulten placenteras y satisfactorias.

Pues bien, parece ser que la dopamina también participa en el proceso de selección de pareja y en el establecimiento de lazos afectivos en algunos animales, pero lo cierto es que aún no se sabe cómo afecta esto al comportamiento sexual del ser humano.

5.- Nos vuelve obsesivos

Juan Luis Guerra solía cantar aquello de que le subía la bilirrubina «cuando te miro y no me miras». Esto, aparte de ser poco romántico, en realidad la bilirrubina es un componente de la bilis que se elimina a través de las heces, es mentira. Sí es más próximo a la realidad decir que cuando las personas se enamoran, descienden drásticamente los niveles de serotonina. Esta es una molécula que le permite a las neuronas transmitir información y que está detrás de procesos muy variopintos, como la inhibición de la ira o el apetito, y que además está muy relacionada con la depresión.

Lo cierto es que a la vez que bajan los niveles de serotonina durante el enamoramiento, suben los niveles de corticoesteroides (unas hormonas relacionadas con el estrés). Ambas cosas tienen como consecuencia la aparición de síntomas como ansiedad, estrés y pensamiento confuso, del mismo modo que ocurre en desórdenes psiquiátricos como el trastorno obsesivo-compulsivo o la depresión. Y, aunque en ningún caso se ha considerado al enamoramiento como un trastorno psiquiátrico, sí se considera que esta caída en los niveles de serotonina que ocurren durante las primeras etapas del enamoramiento están detrás del componente obsesivo del amor. Pero, por suerte o desgracia, entre 12 y 18 meses después de comenzar la relación, los niveles de serotonina vuelven a la normalidad.

6.- El amor estresa

Junto a la sensación de euforia y bienestar que llega durante las primeras etapas del enamoramiento, también se produce un aumento de los niveles de estrés y de inseguridad acerca del comienzo de la relación. Prueba de ello es que al principio aumenta la cantidad de una hormona relacionada con el estrés, el cortisol, en la sangre, pero que en relaciones más duraderas esta situación revierte.

Se ha considerado que el estrés podría ser ventajoso para establecer lazos durante las etapas iniciales, pero en realidad las causas y las consecuencias de esta alteración apenas se conocen.

Una de las cosas que sí se han comprobado, es que la mayoría de las rupturasson muy estresantes y que muestran incrementos en los niveles de hormonas relacionadas con estrés, y algunos indicios relacionan a las rupturas como factores de riesgo para la depresión.

7.- La pareja nos apacigua

El amor es resultado de un cóctel químico, muchas hormonas y neurotransmisores que conspiran para que no queramos separarnos de nuestra querida pareja, pero también surge de cambios muy drásticos en la actividad cerebral. Por eso, cuando nos enamoramos, mientras que unas zonas se activan más, otras se desactivan, siempre en comparación con un estado basal o neutro.

Las interacciones que ocurren entonces entre las distintas regiones cerebrales, son tan complejas como misteriosas, y en muchos casos apenas pueden ser resueltas con especulaciones. Pero entre las cosas que se han ido averiguando, se ha observado que cuando estamos en presencia de la persona a la que amamos nos sentimos más tranquilos y menos propensos a sentir miedo. La explicación parece estar en un descenso de la actividad de la amígdala, una región del sistema límbico que algunos consideran ser clave en los procesos neuronales de las emociones.

8.- “No vemos” los defectos de la pareja

Es frecuente conocer a alguien que está enamorado y que no es capaz de juzgar honestamente la forma de ser de su amado o que puede hacer una lista muy extensa con las virtudes de esa persona, pero una muy corta para sus defectos.

Se considera que este efecto se debe en parte al descenso de la actividad del córtex frontal, una región cerebral que participa en la experiencia de emociones negativas y en la formación del juicio. Además a este efecto hay que sumarle otras alteraciones que se producen en regiones implicadas en la evaluación de los sentimientos y emociones de los demás, con lo que al final el enamoramiento distorsiona con bastante eficacia la visión de la otra persona.

(ABC.es)