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AMISTAD CON DIOS

AMISTAD CON DIOS

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Pienso que el mayor deseo que abrigamos para nosotros —y también para nuestros seres más cercanos— es gozar de buena salud y felicidad y tener éxito en la profesión o estilo de vida que hayamos escogido. Por desgracia, éxito es una palabra capciosa, cargada de contradicciones. En su primera acepción es simple y llanamente el resultado feliz de un negocio, de una actuación. Se puede tener éxito en una empresa, sacando adelante una familia o cumpliendo un sueño de toda la vida. Aspiraciones nobles todas ellas.

No obstante, en la obsesiva sociedad actual, el éxito también está asociado a la fama, a lo que está en boga, y se suele establecer un vínculo entre el éxito y la riqueza material, lo que genera ansiedad y sentimientos de frustración en quienes no lo consiguen.

Una cosa es el exitismo y otra el éxito. Exitismo es afán desmedido de éxito. Ya me dirán si no vivimos en una sociedad exitista. Las presiones que nos imponemos o a las que sometemos a los demás para triunfar en los estudios, en una profesión o en la vida —ligadas casi siempre a logros materiales— nos roban muchas veces la felicidad y nos impiden alcanzar el tan anhelado éxito.

Personalmente no creo que el éxito se deba medir por el dinero o por los bienes adquiridos, la popularidad que tengamos o la gente con la que nos codeemos. El éxito así entendido suele ser pasajero y no garantiza la felicidad. El verdadero éxito se halla en nuestra plena realización como personas, independientemente de si gozamos o no de la aceptación de los demás o si nuestros esfuerzos obtienen jugosos premios en metálico.

El evangelizador escocés Oswald Chambers escribió: «Dios te llama a ser Su amigo leal, a cumplir los propósitos y las metas que Él te ha trazado». Una vida que cumple los propósitos y las metas que Dios dispuso —cualesquiera que sean en cada caso— es una vida de éxito, y una persona que mantiene un vínculo de amistad con Dios es a todas luces una persona feliz.
Esa en esencia es la clase de éxito que deseo para mí, para mis seres queridos y para ti, amable lector.

Salmos 37:4 (NVI)
Deléitate en el Señor,
y él te concederá los deseos de tu corazón.

Eclesiastés 3:12 (NVI) Yo sé que nada hay mejor para el hombre que alegrarse y hacer el bien mientras viva;

Filipenses 4:4 (NVI) Alégrense siempre en el Señor. Insisto: ¡Alégrense!

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