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Ayuda Y Te Ayuarán

Ayuda Y Te Ayuarán

En una de Sus parábolas, Jesús cuenta la historia de un joven que, resuelto a hacer fortuna, se lleva su parte del patrimonio familiar y lo despilfarra viviendo perdidamente. Luego de tocar fondo, humillado y sin un céntimo, regresa a la casa paterna esperándose quizá una bronca, un ya te lo había advertido o por lo menos una recepción fría. Nada de eso: su padre lo acoge con los brazos abiertos y con lágrimas de alegría.

En otra narración, a un hombre que iba de Jerusalén a Jericó le caen encima unos ladrones que lo despojan de todo lo que lleva y lo dejan medio muerto. Luego que pasan a su lado un sacerdote y un levita sin inmutarse ni ofrecer ayuda, un samaritano —individuo de un grupo étnico despreciado por los judíos de aquella época— se compadece del malogrado viajero, lo traslada a un mesón de un pueblo vecino e incluso conviene con el mesonero en cubrir todos los gastos del herido hasta que se reponga de sus lesiones.

El Hijo Pródigo y el Buen Samaritano son de las parábolas más populares de Jesús. Lo interesante es que ambas se centran en la bondad. En la primera aparece la figura de un padre clemente y amoroso; con ella Jesús retrata la benevolencia de Dios hacia Sus hijos, un cariño incondicional propio de Su naturaleza. En la segunda, nos insta a ser sensibles y amables con el prójimo, incluso con quienes no nos caen bien o nos tienen antipatía.

Muchas veces mostrarnos amables requiere cierto esfuerzo. No nos sale espontáneamente como a Dios. Sin embargo, su efecto es todo bueno. «Ayuda, y te ayudarán», y «a quien bien hace, otro bien le nace», rezan los refranes. Eso mismo observó el sabio rey Salomón hace 3.000 años: «El bondadoso se hace bien a sí mismo». Un resultado bien halagüeño.

Efesios 4:32 (NVI) Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.

Lucas 6:35 (NVI) Ustedes, por el contrario, amen a sus enemigos, háganles bien y denles prestado sin esperar nada a cambio. Así tendrán una gran recompensa y serán hijos del Altísimo, porque él es bondadoso con los ingratos y malvados.

Proverbios 11:17 (NVI)
El que es bondadoso se beneficia a sí mismo;
el que es cruel, a sí mismo se perjudica.