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23 de Febrero: Discernir Su Voluntad

Escucha:

Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. (1 Juan 5:14)

Piensa:

Los padres enseñan a sus hijos muchas tareas, desde saber qué ropas combinan, hasta cómo manejar el dinero. Pero es posible que la habilidad más importante que podemos enseñarles, sea cómo seguir la dirección de Dios.

Tenemos la bendición de que nuestro omnisciente y poderoso Padre celestial está dispuesto a darnos a conocer su camino. Dios quiere revelarnos exactamente qué hacer en cada situación. De hecho, Él promete: “Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos” (Sal 32.8). Veamos cómo podemos discernir la voluntad de Dios en cada encrucijada.

El primer paso es asegurarse de que nos hemos arrepentido de todo pecado. Tratar de escuchar a Dios mientras hay iniquidad en nuestro corazón, es como usar una brújula indescifrable. Después de confesar y arrepentirnos, podemos pedir dirección.

Luego, debemos leer la Biblia con regularidad y con un corazón abierto. Ésta es como una lámpara en un camino oscuro (Sal 119.105). El último paso involucra al Espíritu Santo de Dios que mora en nosotros —el regalo maravilloso que el Padre celestial ha dado a cada uno de sus hijos. El Espíritu imparte verdad y dirección cuando leemos la Biblia y oramos.

Al pedirle al Señor que nos indique su voluntad, no debemos esperar respuestas inmediatas. La disciplina de esperar forja el carácter, mientras que, precipitarnos nos hace perder lo mejor de Dios. Tómese el tiempo para buscar el plan del Señor para su vida, pues Él le proveerá lo que necesite para seguirle.

Ora:

Señor, gracias por escuchar mi oración sincera y por la alegría de permitirme vivir un nuevo día junto a las personas que amo. Te suplico que seas Tú dándome tu guía y tu compañía para vivir en triunfo, éxito y felicidad, Amén.

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22 de Febrero: Espera Con Paciencia

Escucha:

Aguarda a Jehová; Esfuérzate, y aliéntese tu corazón; Sí, espera a Jehová. (Salmos 27:14)

Piensa:

Todos queremos cambios a veces en nuestras vidas, pero no siempre queremos pasar por el proceso que lleva para llegar allí.  Por lo general, toma más de lo que pensamos que debería, y siempre hay períodos de espera en el camino. La pregunta es, ¿vamos a esperar de manera correcta o incorrecta? Si esperamos de la manera equivocada, seremos infelices; pero si decidimos esperar a la manera de Dios, podemos volvernos pacientes y en realidad disfrutar de la espera.

Los planes de Dios siempre son los más altos, pero en medio de las adversidades, resulta más compleo de lo normal entender la promesa de bienestar y cuidado que El Señor ofrece como garantía a todos aquellos que le siguen con fidelidad y perserverancia.

Se necesita práctica, pero a medida que dejamos que Dios nos ayude en cada situación, desarrollamos la paciencia, que es una de las virtudes cristianas más importantes. La paciencia es un fruto del Espíritu. Se desarrolla solo bajo prueba, entonces no debemos huir de situaciones difíciles. Porque a medida que desarrollamos la paciencia, la Biblia dice que llevará a feliz término la obra, para que seamos perfectos e íntegros, sin que nos falte nada (ver Santiago 1: 2-4).

Incluso nuestra relación con Dios implica cambios progresivos. Aprendemos a confiar en Él de una manera más profunda pasando por muchas experiencias que requieren que esperemos más de lo que nos gustaría.

Créeme, la espera puede ser difícil, pero te hará más fuerte. Los beneficios que trae la paciencia ciertamente vale la pena la incomodidad de esperar.

Ora:

Dios, quiero cambiar y profundizar en mi relación contigo. entiendo que esto significa desarrollar la paciencia, pero sé que creceré más fuerte a medida que desarrolles la paciencia en mí. Amén

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21 de Febrero: Perfecto Alfarero

Escucha:

A pesar de todo, Señor, tú eres nuestro Padre; nosotros somos el barro, y tú el alfarero. Todos somos obra de tu mano. (Isaías 64:8)

Piensa:

Si piensas que para seguir la Voluntad de Dios en tu vida, debes ser un ejemplo de perfección, de acciones infalibles o de momentos sin dudar, tomando siempre decisiones acertadas, es hora de modificar esa creencia.

Dios no requiere que seamos perfectos; Él nos hizo, y Él sabe que somos humanos y cometeremos errores. Nuestro trabajo es levantarnos todos los días y hacer nuestro mejor esfuerzo para servir a Dios con los regalos que nos ha dado. Y cuando cometemos errores, debemos estar bien con Dios, recibir Su Perdón y seguir adelante.

Muchas personas sienten que Dios no puede usarlas porque no son perfectas, pero esto es una mentira. Dios (el Alfarero) usa ollas rotas (nosotros) para hacer Su obra. Como cristianos, somos recipientes que Dios quiere llenar con Su bondad y luz. Entonces debemos llevar esa bondad y luz a un mundo de oscuridad, compartiéndolo con personas en todas partes donde vayamos.

No tengas miedo de tus defectos; reconocerlos y permite que Dios te use de todos modos. Deja de preocuparte por lo que no eres y dale Dios lo que eres. Mantén tu enfoque en Dios, quien es perfecto, y en lo que Él puede hacer en ti y a través de ti.

Como una vasija agrietada, puedes lograr cosas maravillosas. Puedes hacer feliz a alguien. Puedes alentar, edificar y exhortar a aquellos a tu alrededor. Puedes usar tus dones y talentos para servir a Dios.

Ora: 

Dios, puede que yo sea una “vasija agrietada “, pero Tú eres el Alfarero y puedes usarme para Tus propósitos a pesar de mis defectos. Lléname con Tu bondad y luz para que pueda llevarlo al mundo a mi alrededor. Amén

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20 de Febrero: El Beneficio de La Espera

Escucha:

Porque los malignos serán destruidos, Pero los que esperan en Jehová, ellos heredarán la tierra. (Salmos 37:9)

Piensa:

Esperar en Dios es una disciplina espiritual importante en nuestro caminar de fe. La vida del rey David nos enseña el valor de obedecer el plan del Señor, y el peligro de adelantarnos a Él.

Cuando David era un joven pastor de ovejas, el profeta Samuel lo ungió como el próximo rey de Israel. Sin embargo, no se convirtió en su gobernante durante muchos años. Esperar que el Señor lo pusiera en el trono se hizo más difícil, porque el rey en vigor, Saúl, se volvió en contra de David, y en varias ocasiones trató de asesinarlo. Pese a la oportunidad que tuvo de tomar el asunto en sus propias manos y matar a su enemigo, David se contuvo. Tampoco permitió que nadie atacara a Saúl (1 S 24.1-7). Esperó en Dios, y fue muy bendecido por su obediencia.

El rey David supo también lo que era seguir adelante sin el Señor. Un año decidió no unirse a sus tropas en la batalla, aunque la guerra era uno de sus deberes (2 S 11.1). Durante el tiempo que se quedó en casa, se fijó en Betsabé, la esposa de Urías, y la codició. Actuando de conformidad con sus deseos, engendró un hijo con ella y luego trató de ocultar su pecado. ¡Vaya el desastre que hizo de su vida! En vez de obedecer el plan del Señor y ser bendecido, experimentó el castigo divino y mucho dolor.

Como creyentes, queremos obedecer al Señor, pero puede haber situaciones en las que un deseo intenso nos impulse hacia adelante sin esperar su dirección. Al igual que David, experimentaremos las bendiciones de la obediencia, o el dolor de la desobediencia.

Ora:

Señor, concédeme la disciplina para obedecer el plan que tienes para mí, el discernimiento para entender aquello que quieres que haga y la paciencia para confiar en Tus tiempos. Amén. 

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