09 de Julio: Aférrate a Sus Promesas

Escucha:

He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros. (Lucas 24:49). 

Piensa:

La Biblia está repleta de la generosa intención de Dios de darnos un regalo. En cualquier circunstancia, pero especialmente en los tiempos difíciles, sus promesas son un ancla para nuestras almas. Ellas nos dan la esperanza que nos permite ser valientes y audaces cuando enfrentamos las tormentas de la vida.

Pero muchas personas no confían en las promesas de Dios, por dos razones. Primero, porque no tienen conocimiento de ellas. Segundo, porque algunos no creen que son verdad. Muchos creyentes pueden citar las Sagradas Escrituras, pero cuando enfrentan una prueba intimidante —como una salud debilitada o la pérdida de un empleo— su confianza vacila y la duda los vence.

Si no sabemos todo lo que la Biblia nos garantiza, podemos leer y estudiar, pero no podemos forzarnos a creer. La fe es un don de Dios. Lucas 24 registra dos veces que personas se enfrentaron cara a cara con el Señor Jesús, pero no lo reconocieron. Él tuvo que abrirles sus ojos espirituales antes de que pudieran verlo realmente. Lo mismo puede decirse de nuestra fe: ella no es posible sin el Espíritu Santo.

El Señor Jesús da a los creyentes innumerables promesas en la Biblia: de protección, esperanza, seguridad eterna, consejo y dirección, para nombrar solo unas pocas. ¿Confía usted en Él?

Cuando lea la Biblia, pídale al Espíritu Santo que le lleve a ver las promesas que se aplican a su vida. Considérelas, memorícelas y medite en ellas. El Padre celestial quiere que usted se apropie de estas verdades. Entonces, cuando vengan las pruebas, usted tendrá un fundamentos seguro en el cual apoyarse.

Ora:

Señor, dame la sabiduría para apropiarme y aplicar en mi vida las vedades que encuentro en Tu palabra, de forma que me mantenga confiado de Tu poder, de Tus promessa y de Tu fuerza ante cualquier circunstancia. Amen.

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08 de Julio: Sigue Adelante y Progresa

Escucha:

Tu palabra es una lámpara a mis pies; ¡es la luz que ilumina mi camino! (Salmos 119:105)

Piensa:

Es cierto que todos tenemos espacio para crecer y mejorar en nuestra relación con Dios. Solía desanimarme acerca de lo lejos que tenía seguir, y parecía que me lo recordaba todos los días, a veces cada hora. Tenía una sensación constante de fracaso, una sensación de que yo no era lo que necesitaba ser, no estaba haciendo lo suficiente y necesitaba esforzarse más. Sin embargo, cuando más lo intentaba, solo fallaba nuevamente.

Ahora he adoptado una nueva actitud: no estoy donde necesito estar, pero gracias a Dios que no estoy donde solía estar¡Estoy bien, y voy en camino! Ahora sé con todo mi corazón que Dios no está enojado conmigo solo porque todavía no he llegado. Él está complacido de que sigo adelante y permanezco en el camino que Él preparó para mí.

Y es que no se trata de ser perfectos o de cumplir con un calendario. El plan de Dios para nuestra vida es variable, con sobresaltos, verdas estrechas, situaciones apremientes, pero tambien alegrías y maravillosas bendiciones. Es una carrera de perseverancia y resistencia y no de velocidad, por lo que nuestro Padre, no desea apurarnos, ni espera de nosotros una marcha rapida, sino un andar constante aceptando la gracia de Su voluntad.

Si tú y yo simplemente “seguiremos adelante”, Dios estará complacido con nuestro progreso. Él ha prometido iluminar el camino que tenemos delante de nosotros. A lo mejor no conocemos el camino y de pronto podamos tropezar de vez en cuando, pero Dios es fiel. ¡Él ve tu progreso, está orgulloso de ti, y Él va a ayudarte a mantenerte en el camino correcto!

Ora:

Señor, no me desanimaré acerca de dónde estoy. Ya me has traído muy lejos, y Sé que continuarás iluminando mi camino. Amén.

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07 de Julio: Grandes Maravillas

Escucha:

“Grandes cosas ha hecho Jehová con nosotros; Estaremos alegres” (Salmos 126:3)

Piensa:

Siempre fui muy cercano a mi sobrino, que por la ausencia de mi hermano, era como un hijo. Cuando luchó con la adicción a las drogas siete años, mi esposa y yo enfrentamos muchos días difíciles. Mientras orábamos y esperábamos que se recuperara, aprendimos a festejar las pequeñas victorias. Si nada malo pasaba en un lapso de 24 horas, nos decíamos uno al otro: «Hoy fue un buen día». Esa pequeña frase se convirtió en un recordatorio para dar gracias a Dios por su ayuda en las cosas más pequeñas.

Escondido en el Salmo 126:3, hay un recordatorio aun mejor de la misericordia de Dios y lo que esta significa en definitiva para nosotros: «Grandes cosas ha hecho el Señor con nosotros; estaremos alegres». ¡Qué versículo maravilloso para recordar la misericordia de Jesús al morir en la cruz por nosotros! No hay día difícil que pueda cambiar la verdad de que, pase lo que pase, nuestro Señor ya nos ha mostrado una bondad inconmensurable, y que «para siempre es su misericordia» (Salmo 136:1).

Cuando hemos vivido circunstancias difíciles y descubierto que Dios es fiel, recordar esta verdad ayuda muchísimo en las próximas tormentas de la vida. Tal vez no sepamos cómo nos llevará el Señor a superar las circunstancias, pero su misericordia en el pasado nos ayuda a confiar en que lo volverá a hacer.

Ora:

Señor, te agredezco por las grandes maravillas, que ejecutas, aún sin yo saber cómo, en cada área de mi vida. Ayúdame a no olvidar que cada día intentas cambiarme y hacerme crecer, permíteme en cualquier circunstancia recordar que tus ojos están siempre sobre mí y que Tu misericordia nunca me abandona. Amén. 

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06 de Julio: Dios Nos Mira Favorablemente

Escucha:

Pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra. (Isaías 66:2)

Piensa:

Los creyentes siempre están bajo la cobertura de la gracia y el amor de Dios. Nada de lo que hagamos podrá cambiar eso. A la vez, nuestra conducta y condición del corazón determinarán si recibiremos la abundancia de sus bendiciones. El pasaje de hoy nos enseña cómo experimentar el favor del Padre celestial.

Primero, Él desea que tengamos un corazón contrito y un espíritu humilde (Sal 51.17). Para que sea así, todos los aspectos de nuestra vida deben estar rendidos al Señor Jesús. Pero nos resulta difícil rendir a Él algunos sueños, deseos y personas.

Cualquier cosa que no entreguemos a su autoridad es evidencia de orgullo, todo lo contrario de lo que nuestro Padre celestial quiere ver en sus hijos. Recuerde que “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (Stg 4.6). La falta de sumisión es prueba de que creemos que nuestro proceder es mejor que su plan.

Segundo, Dios nos dice que temblemos a su palabra (Is 66.2). La Biblia es viva y poderosa para enseñarnos y transformarnos. Piense en cómo tratamos a este tesoro. ¿Dedicamos tiempo cada día para leerla, y poner en práctica sus preceptos?

¿Anhelamos más de la Palabra de Dios en nuestras vidas, para conocer mejor a su Autor? Un indicador de nuestra reverencia es la obediencia: para honrar al Señor, debemos obedecerle.

Todos deseamos el favor de Dios. ¿Está usted viviendo de una manera que lo pone en posición de recibir sus abundantes bendiciones? Analice sinceramente si ha sometido todos los aspectos de su vida —desde sus finanzas hasta su salud, relaciones y hábitos de trabajo a Jesucristo.

Ora:

Señor, que mi conducta sea siempre agradable a las verdades que me muestran Tus Escrituras. Quiero ser digno de las abundantes bendiciones que guardas para quienes Te siguen fielmente. 

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05 de Julio: Poder del Espíritu

Escucha:

Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo. (Hebreos 1:8)

Piensa:

El Señor Jesús aseguró a sus discípulos que recibirían el Espíritu Santo (Lc 24.49), y en el día de Pentecostés se cumplió esa promesa (Hch 2.1-4). Dios siempre cumple a cabalidad, y enviar a su Espíritu no fue la excepción. De hecho, esta maravillosa bendición sigue estando presente hoy.

En el momento que una persona pone su fe en el Salvador, el Espíritu Santo viene a morar en ella. Él sella a todos los cristianos por la eternidad, de modo que nada los puede robar jamás de Él. Pero, lamentablemente, algunos creyentes pueden ser salvos y aún así seguir viviendo confiando en sus propias fuerzas.

Ser “llenos del Espíritu Santo” no es una experiencia emocional. Se trata de permitirle a Dios vivir a través de nuestras acciones, pensamientos y palabras, lo que significa renunciar a nuestros deseos.

Andar en el Espíritu no tiene nada que ver con nuestras habilidades, sino depender únicamente de Dios. Nos fiamos de Él, le pedimos que tome el mando, y le seguimos con obediencia. El Señor nos guiará cuando oramos a Él. Y mediante la meditación silenciosa y atenta en su Palabra, como también por medio del consejo de otros creyentes, podremos experimentar la guía, el poder, la protección y la ayuda del Padre celestial. Su voz suave y apacible se nos hará más evidente a medida que maduremos en Cristo.

Si usted es salvo, el Espíritu de Dios vive en usted. Pero Él anhela hacer mucho más que simplemente residir allí. Desea estar en comunión con usted, para que así experimente bendiciones abundantes. Vivir confiando en sus propias fuerzas solo le llevará al fracaso. Andar en el Espíritu da vida.

Ora:

Señor, que Tu Espíritu tome el mando de nuestras vidas y nos guié fortalecidos hacia el plan de bienestar que nos guardas.

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