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Canadá autoriza el suicidio asistido para pacientes graves

Canadá autoriza el suicidio asistido para pacientes graves

Redacción Internacional, 6 feb (EFE).- El Tribunal Supremo de Canadá dio hoy vía libre a que los médicos puedan ayudar a morir a pacientes en estado terminal, ocho meses después de que en Québec se aprobara una ley de muerte digna.

En la región autónoma canadiense de Quebec, la Asamblea Nacional aprobó el 5 de junio de 2014 la ley de la ayuda médica al final de la vida.

Con estos pasos, el país norteamericano se suma a otras naciones que han adoptado medidas similares anteriormente.

Es el caso de Bélgica que el 13 de febrero de 2014 se convertía en el segundo país del mundo que despenalizaba la eutanasia en menores, después de Holanda, al aprobar el Parlamento federal la ampliación de la ley que regula la muerte asistida.

El enfermo debe estar en situación terminal, irreversible y con gran sufrimiento y tiene que expresar o haber expresado con anterioridad su voluntad de que se le aplique, y el encargado de hacerlo es un médico

Bélgica, al igual que Holanda y Luxemburgo, ya tenía legalizada la eutanasia activa en mayores de edad, pero dio un paso más al regularizar la muerte asistida para niños y adolescentes en el supuesto de que padezcan un “sufrimiento físico insoportable y su muerte a corto plazo sea inevitable”.

La eutanasia (etimológicamente, “buena muerte”) es el proceso que tiene por objeto ayudar a morir sin dolor a un enfermo en estado terminal e irreversible cuando es su voluntad expresa.

La eutanasia propiamente dicha o eutanasia activa consiste en suministrar una combinación de fármacos a una persona con el fin de acabar con su vida.

El enfermo debe estar en situación terminal, irreversible y con gran sufrimiento y tiene que expresar o haber expresado con anterioridad su voluntad de que se le aplique, y el encargado de hacerlo es un médico.

Una fórmula similar es el suicidio médicamente asistido, en el que también es un doctor quien facilita al enfermo las drogas necesarias para acabar con su vida, pero con la diferencia de que en este caso tiene que ser el propio enfermo quien las ingiera.

Otra posibilidad es la limitación del esfuerzo terapéutico -eutanasia pasiva- que consiste en retirar un soporte vital a un enfermo terminal, por voluntad propia o de su familia. Se da cuando se desconecta al paciente de aparatos que lo mantienen con vida, como sondas y respiradores.

La muerte del enfermo también puede producirse por la sedación paliativa -también llamada eutanasia indirecta-, que supone administrar calmantes con la intención principal de aliviar los dolores, pese a que por la naturaleza de los mismos anticipe la muerte como consecuencia secundaria.

La mayoría de los países penalizan la eutanasia activa y la asistencia al suicidio, pero permiten que el paciente ejerza su derecho a no someterse a un tratamiento imprescindible para seguir vivo o la posibilidad de desconectar sistemas de alimentación o respiración artificiales.

Suiza y los estados de Oregón, Washington, Montana y Vermont, en Estados Unidos, admiten el suicidio asistido.

El primer país en legalizar la eutanasia activa fue Holanda, con una ley que entró en vigor el 1 de enero de 2002 y que eximió de responsabilidad penal a los médicos que la practicasen siempre que un enfermo en fase terminal lo decidiese libremente y estuviese sometido a un sufrimiento insoportable sin expectativas de mejora.

En Holanda, la eutanasia es legal para niños mayores de 12 años si tienen el consentimiento de sus padres.

La eutanasia es también legal en Luxemburgo, cuya ley fue aprobada en el Parlamento en febrero de 2008. El Gran Duque Enrique I se negó a firmarla invocando razones de conciencia y entró en vigor en marzo de 2009.

En Suiza la eutanasia activa está prohibida pero se permite el suicidio asistido, es decir que un médico puede proporcionar al enfermo irreversible una dosis letal de medicamento, que deberá tomar el paciente por sus propios medios.

El estado de Oregón fue pionero en el mundo con una ley que entró en vigor en 1997 y que autorizó a los médicos a prescribir drogas letales a los pacientes en fase terminal con seis meses de esperanza de vida que lo solicitaran. Esas drogas tienen que ser administradas por los enfermos.

En España, donde ni la eutanasia ni el suicidio asistido son legales, el tema adquirió protagonismo con la muerte de Ramón Sampedro, en 1998.

Entre los casos relacionados con la eutanasia figuran también el de Terri Schiavo, fallecida en 2005 en Estados Unidos tras pasar 15 años en estado vegetativo; o en Italia, el de Eliana Englaro, quien murió en febrero de 2009 después de que el Tribunal Supremo autorizara que se le retirase la alimentación e hidratación artificial. EFE