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Canada prohibe orar en las reuniones de los ayuntamientos

Canada prohibe orar en las reuniones de los ayuntamientos

La Corte Suprema de Canadá ha decidido prohibir las oraciones previas a las reuniones en los ayuntamientos. Argumentando la neutralidad del Estado, nueve jueces coincidieron en esta sentencia, sin tener en consideración que se trata de una tradición que representa a la mayoría de la población.

El Alto Tribunal dictaminó además que tales oraciones van en contra de la libertad de religión y de conciencia. De esta manera, las ciudades canadienses deben poner fin a las oraciones durante las reuniones del llamado Consejo.

El origen de esta sentencia fue un caso sometido a la más alta instancia judicial canadiense que enfrentó al alcalde de Saguenay, una ciudad 124 millas al norte de la ciudad de Quebec, contra Alain Simoneau y el Movimiento Laico Quebec.

En 2006, Simoneau se quejó de que la tradición de orar al comienzo de las reuniones del consejo violó su derecho a la libertad de conciencia y de religión. El Tribunal de Derechos Humanos de Quebec estuvo de acuerdo con él y le dijo al alcalde, Jean Tremblay, que se dejara de orar en la ciudad.

Una sentencia para todo Canadá

Sin embargo, en 2013, la Corte de Apelación de Quebec dictaminó que Saguenay podía mantener su tradición de oración, aunque ahora la Corte Suprema de Canadá ha revocado esa decisión y, además, la hace extensiva al resto de ciudades y pueblos de todo Quebec y Canadá.

Se dijo que la libertad de conciencia y de religión está presente en la Carta Canadiense de Derechos y Libertad y la Carta de Quebec. “Debe ser objeto de una interpretación generosa y expansiva … para asegurar que aquellos a los que se aplican estas cartas se benefician plenamente de los derechos y libertades”.

Por su parte, las ciudades más importantes, incluyendo Ottawa y Calgary, señalaron que iban a dejar de decir sus oraciones mientras estudiaban el impacto de la decisión de la Corte.

Un político coherente y “decepcionado”

Cabe señalar que Tremblay es uno de los pocos políticos de Quebec que habla abiertamente sobre su fe católica. El 16 de abril dijo que estaba “decepcionado” por la decisión de la Corte Suprema de Justicia y añadió que aunque no se opondría a la corte, los residentes de Quebec deben “ponerse de pie” por sus tradiciones.

En el mismo sentido se manifestó el obispo Andre Rivest de Chicoutimi, de la diócesis en la que se encuentra Saguenay, quien señaló que no estaba sorprendido por el fallo.

“Apoyé el alcalde, así que obviamente estoy decepcionado. Soy el pastor de una región en la que aproximadamente el 95% de la población es católica, por lo que orar es en la naturaleza de nuestra población”, argumentó, en relación a una tradición antigua y que representa a la mayoría de la población.

“Tremblay todavía puede ser católico”

Por su parte, aunque el Movimiento Laico Quebec anunció la decisión como una gran victoria, un especialista constitucional de la Universidad de Montreal, Sebastien Beaulac, subrayó que el principal argumento que sale de la regla es la importancia de la neutralidad del Estado.

“No es una decisión contra el catolicismo, ya que su contenido podría extrapolarse a todas las religiones. Es la idea de que un cargo público no está asociado con ninguna religión, que es la columna vertebral de la sentencia. Tremblay todavía puede ser católico: Sin embargo, no puede usar su posición para promocionar su fe “, dijo.

¿Neutralidad del Estado?

Pero, se puede considerar neutral un Estado que prohíba rezar, sobre todo cuando se trata de una tradición histórica?

En Sangueney, como en otros muchos ayuntamientos de Canadá, se tiene la practica tradicional de empezar las sesiones con una oración. Esta oración no pertenece a una confesión religión específica, sino que es una oración a Dios.

Es, pues, un hecho avalado por la práctica tradicional de muchos ayuntamientos. Una práctica que es una fuente de derecho y se ha venido haciendo también con el nuevo marco constitucional.

Un Estado neutral no equivale a un Estado que limite la presencia del hecho religioso en la vida pública. Quiere decir que el Estado como tal no tiene una confesión. Si los miembros de una administración local tienen como práctica tradicional orar antes de empezar sus sesiones, si se elimina esta oración el Estado está ejerciendo no una neutralidad sino una beligerancia contra la propia oración.

En ese sentido, la solución no es prohibir orar, dado que en una sociedad plural hay quienes quieren hacerlo y quienes no. La solución es más bien dejar que quienes quieran rezar recen y quienes no, no.