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Desde que cayó Sadam Husein 700 cristianos han muerto en Irak a causa de su fe

Desde que cayó Sadam Husein 700 cristianos han muerto en Irak a causa de su fe

Miembro del comité ejecutivo de la Alianza de las Minorías Iraquíes, William K. Warda ha intervenido en Madrid en el seminario sobre libertad religiosa organizado en la Casa Árabe por el Centro de Estudios de Oriente Medio de la Fundación Promoción Social de la Cultura.

—¿Existe una voluntad expresa por parte del movimiento yihadista de erradicar el cristianismo de Irak?

—Las informaciones no son exageradas. Los cristianos están siendo expulsados de todas las poblaciones conquistadas por los yihadistas, sus viviendas destruidas o incautadas, las mujeres con frecuencia violadas. La Iglesia caldea, católica, vive sin duda el momento más crítico de su historia milenaria.

—¿Qué datos tiene su organización de las dimensiones del drama?

—Las estadísticas oficiales en 1997 indicaban que en Irak había 1,2 millones de cristianos. Ahora todo hace suponer que queda menos de medio millón. Es decir, casi un millón de cristianos han tenido que abandonar el país debido a las políticas intolerantes, al aumento del fanatismo musulmán y a la guerra. En Nínive, donde vivían unos 200.000 cristianos, la huida ha sido masiva debido a que en la región actúan los yihadistas de Estado Islámico.

—¿Cuántos cristianos han muerto en Irak por su fe desde la caída de Sadam Husein?

—Estimamos, y así aparece en nuestro último informe sobre derechos humanos, que desde 2003 han sido asesinados más de 1.100 cristianos, más de 700 solo por causas religiosas. Los asesinatos se atribuyen tanto a los milicianos de Estado Islámico como a otros radicales islamistas, que en algunos casos quisieron así vengarse por la invasión norteamericana.

—¿Qué entidad tiene el daño causado al patrimonio religioso y artístico de la Iglesia caldea?

—La región con más concentración de iglesias tomadas por los yihadistas se encuentra en torno a Nínive. La mayor parte de ellas han sido quemadas; algunas se han respetado, y Estado Islámico las utiliza como depósitos de municiones o como refugio frente a los ataques de la aviación. Nos consta asimismo que se han apoderado de auténticos tesoros de nuestro arte sacro: viejos libros de liturgia, escritos en arameo, la lengua materna de Jesús, en los primeros siglos del cristianismo.

—¿Cuál es la estrategia del autoproclamado califato respecto a las poblaciones cristianas que conquista? ¿Quiere eliminarlos, aterrorizarlos para que huyan o, por el contrario, prefieren que se queden como súbditos del califa obligados a pagar el impuesto especial por no ser musulmanes?

—Su ideología consiste en negar el derecho a residir en el califato a los no musulmanes. A los cristianos se les ofrecen solo tres opciones: irse, convertirse al islam, o ser asesinados. No hay otra alternativa.

—¿Cómo trata el yihadismo de Estado Islámico a las otras minorías?

—Igual, y en algunos casos peor. Esa es la situación de los miembros de la secta yazidí, a los que los yihadistas no consideran musulmanes. Como no son siquiera la «gente del Libro» se les castiga con más crueldad que a los cristianos. Nuestra organización, Hammurabi, ha rescatado en los últimos meses a muchas mujeres capturadas por los yihadistas, y sus testimonios son escalofriantes.

—Muchos critican el trato discriminatorio del Gobierno iraquí, controlado por la mayoría chií, hacia la minoría suní ¿Cree que el Gobierno iraquí respeta la libertad religiosa en los territorios que controla?

—Nuestra Constitución consagra la libertad de culto, pero la legislación, inspirada en la Sharía, la ley islámica, la contradice no pocas veces. Por ejemplo, tenemos una ley que establece que si el padre cristiano se convierte al islam, automáticamente sus hijos pasan a ser musulmanes, sin esperar a que —con la mayoría de edad— sean ellos quienes decidan si abandonan o no la Iglesia. Pese a sus promesas, el Gobierno no quiere cambiar una ley que a lo largo de los años ha producido miles de deserciones obligatorias en la Iglesia caldea.

—¿Cuál ha sido a su juicio el legado ideológico del paso de Estados Unidos por Irak tras derribar a Sadam?

—La retirada de Estados Unidos de Irak en 2011 fue un gran error. Con esa decisión dieron una oportunidad a Irán de reemplazarles y de pasar a jugar un papel muy preponderante en el país. Además, el hueco que dejaron los norteamericanos fue también ocupado rápidamente por los islamistas fanáticos con el resultado que conocemos.

«No queremos irnos de nuestra tierra»

—¿Se sienten abandonados por Occidente?
—Sí, antes los cristianos eran una comunidad poderosa en Irak, tanto en términos económicos como intelectuales. Pero ahora lo han perdido todo. Se ven obligados a dejar sus casas y sus posesiones, a buscar refugio en otras regiones del país o en el extranjero. Algunas organizaciones como «Christian Solidarity International» y otras ONG nos envían ayuda, pero en el terreno gubernamental sentimos la orfandad, tanto por parte de Estados Unidos como de los gobiernos europeos. Norteamérica da facilidades a los cristianos iraquíes que quieren —y pueden— emigrar, pero necesitamos apoyo para seguir en nuestra tierra. No queremos irnos de Irak.