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Deuteronomio 32:19-44

Deuteronomio 32:19-44

»Al ver esto, el Señor los rechazó
porque sus hijos y sus hijas lo irritaron.
“Les voy a dar la espalda —dijo—,
y a ver en qué terminan;
son una generación perversa,
¡son unos hijos infieles!
Me provocaron a celos con quien no es Dios como yo,
y me enojaron con sus ídolos indignos.
Pues yo haré que ustedes sientan envidia de los que no son pueblo;
voy a irritarlos con una nación insensata.
Se ha encendido el fuego de mi ira,
que quema hasta lo profundo del abismo.
Devorará la tierra y sus cosechas,
y consumirá la raíz de las montañas.
» ”Amontonaré calamidades sobre ellos
y gastaré mis flechas en su contra.
Enviaré a que los consuman el hambre,
la pestilencia nauseabunda y la plaga mortal.
Lanzaré contra ellos los colmillos de las fieras
y el veneno de las víboras que se arrastran por el polvo.
En la calle, la espada los dejará sin hijos,
y en sus casas reinará el terror.
Perecerán los jóvenes y las doncellas,
los que aún maman y los que peinan canas.
Me dije: ‘Voy a dispersarlos;
borraré de la tierra su memoria.’
Pero temí las provocaciones del enemigo;
temí que el adversario no entendiera
y llegara a pensar: ‘Hemos triunfado;
nada de esto lo ha hecho el Señor.’”
»Como nación, son unos insensatos;
carecen de discernimiento.
¡Si tan sólo fueran sabios y entendieran esto,
y comprendieran cuál será su fin!
¿Cómo podría un hombre perseguir a mil
si su Roca no los hubiera vendido?
¿Cómo podrían dos hacer huir a diez mil
si el Señor no los hubiera entregado?
Su roca no es como la nuestra.
¡Aun nuestros enemigos lo reconocen!
Su viña es un retoño de Sodoma,
de los campos de Gomorra.
Sus uvas están llenas de veneno;
sus racimos, preñados de amargura.
Su vino es veneno de víboras,
ponzoña mortal de serpientes.
»“¿No he tenido esto en reserva,
y lo he sellado en mis archivos?
Mía es la venganza; yo pagaré.
A su debido tiempo, su pie resbalará.
Se apresura su desastre,
y el día del juicio se avecina.”
»El Señor defenderá a su pueblo
cuando lo vea sin fuerzas;
tendrá compasión de sus siervos
cuando ya no haya ni esclavos ni libres.
Y les dirá: “¿Dónde están ahora sus dioses,
la roca en la cual se refugiaron?
¿Dónde están los dioses
que comieron la gordura de sus sacrificios
y bebieron el vino de sus libaciones?
¡Que se levanten a ayudarles!
¡Que les den abrigo!
» ”¡Vean ahora que yo soy único!
No hay otro Dios fuera de mí.
Yo doy la muerte y devuelvo la vida,
causo heridas y doy sanidad.
Nadie puede librarse de mi poder.
Levanto la mano al cielo y declaro:
Tan seguro como que vivo para siempre,
cuando afile mi espada reluciente
y en el día del juicio la tome en mis manos,
me vengaré de mis adversarios;
¡les daré su merecido a los que me odian!
Mis flechas se embriagarán de sangre,
y mi espada se hartará de carne:
sangre de heridos y de cautivos,
cabezas de caudillos enemigos.”
»Alégrense, naciones, con el pueblo de Dios;
él vengará la sangre de sus siervos.
¡Sí! Dios se vengará de sus enemigos,
y hará expiación por su tierra y por su pueblo.»
Acompañado de Josué hijo de Nun, Moisés fue y recitó ante el pueblo todas las palabras de este cántico.