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Día 28: Éxodo 32 al 34

Día 28: Éxodo 32 al 34

Lee los capítulos 32 al 34  del libro de Éxodo (puedes leerlos dando click aquí: Exodo 32-34)

Notas De Estudio

Capítulo 32: el pueblo que es liberado por Dios, quien ha visto de primera mano como su poder ha derrotado sus enemigos, ha sido alimentado por El, ha visto su gloria: ahora se desespera en la ausencia de Moisés (“ese Moisés”, dicen) y presionan a Aarón quien los complace y crea un becerro de oro para que adoren.
Siempre he pensado en este pasaje como una advertencia para el líder: complacer “al pueblo” no es siempre el mejor camino, y para la gente: es bueno esperar (especialmente si has visto como obra Dios), no es bueno complacer nuestras emociones religiosas. Una buena pregunta que podemos hacernos:
¿podemos esperar en Dios o siempre nuestra desesperación termina en alguna acción religiosa que nos haga sentir que nos estamos moviendo?
Dios dice: “Tú pueblo, que tú sacaste de Egipto…”, como si fuese implícito que ya no es “su pueblo” por lo que están haciendo. El Moisés que intercede por el pueblo mientras Dios le revela lo que están haciendo, es el mismo que se enoja tanto que rompe las tablas del decálogo.
Aarón niega responsabilidad del hecho, dice que tiró el oro y salió el becerro, algunos piensan que esto es una señal de que hubo cierto poder demoníaco sobre-natural que ayudó a que el becerro se formara, pero Aarón solo se está excusando.
El pueblo no estaba 100% en Dios y todavía arrastra el deseo por otros dioses, y esto se revela más en el hecho que solo una de 12 tribus (la tribu de Leví) está “del lado del Señor” cuando Moisés se lo pide. Esa tribu se consagra en ese momento como la gente que servirá perpetuamente en el templo junto a los sacerdotes pero en tareas menores.
La consecuencia de apartarse de Dios es fatal (recuerden que el pueblo ya había hecho un pacto con Dios): muchos mueren a espada y otros mueren por una plaga.
La ira de Moisés se convierte en compasión e intercede a Dios por el pueblo a cambio de su propia salvación, el Señor responde con perdón pero confirma: ya todos han pactado con El y cada uno es responsable de su propia vida.
Capítulo 33: el pueblo muestra arrepentimiento con lágrimas (revelando un interior triste y devastado ante lo que han hecho) y de forma externa: mediante la renuncia al uso de joyas, lo harán hasta que algunos de ellos entren a la tierra prometida.
A causa del pecado ya el Señor no se manifestaba entre la gente en el campamento, y Moisés hace una tienda de reunión (que no debe confundirse con el Tabernáculo) en las afueras del campamento desde donde hablaba con Dios. Josué vigilaba la tienda y nunca entraba al campamento, Moisés si volvía con ellos.
Ante la petición de Dios de que el pueblo debe moverse, Moisés le dice: “No voy si no vas con nosotros, y si vas con nosotros revélate a mi.”
Esta es una lección importante para todo aquel que es parte de un ministerio o que se desempeña como pastor o líder: Moisés no pide cambiar de pueblo (al contrario intercede por ellos), tampoco pide que lo mueva a otro lugar. La oración de Moisés es “seguimos aquí pero si vas con nosotros, y si vas con nosotros entonces necesito entrenarme en saber quién eres.
Capítulo 34: después de rehacerse la tabla de los Diez Mandamientos, el capítulo narra lo que parece ser una renovación del pacto (se habla de panes son levadura, de consagración de primogénitos, etc.).
La gloria de Dios se le revela a Moisés, llama mucho la atención que Dios se anuncia a sí mismo mientras pasa delante de Moisés y proclamando todos sus atributos. Moisés pasa otros 40 días en Sinaí y al regresar su rostro resplandece, y empieza usar un velo.
Según el apóstol Pablo este velo no sólo impedía que el pueblo viese el resplandor de su rostro, sino que también impedía que ellos viesen que el resplandor iba desapareciendo (2 Corintios 3:7-18); aparentemente en cada encuentro con Dios el resplandor se renovaba por lo que debía continuar usando el velo.
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