Disciplinas libertadoras: La visión de evangelismo

(Por Luís Palau)

Después de concluida la Segunda Guerra Mundial, Roberto Woodruff, el entonces presidente de Coca-Cola, declaró: “Deseo que en mi generación todo el mundo pruebe una Coca-Cola.” Eso sí que es tener visión.

Hoy esa bebida es vendida desde los desiertos en el Africa hasta el interior de la China. ¿Por qué? Porque Woodruff motivó a sus colegas, y así consiguieron llegar con Coca-Cola a todo el mundo en esa misma generación.

¿Cuán grande es su visión? ¿Alguna vez ha pensado en lo que Dios podría hacer en su generación a través de usted para ganar a las personas a Jesucristo? Después de todo, la única generación que puede alcanzar a nuestra generación es, precisamente, nuestra generación.

Aunque el Señor restringió su propio ministerio público a Palestina, vino, vivió y murió por todo el mundo. Después de su resurrección comisionó a sus seguidores ordenándoles: “Hagan discípulos en todas las naciones” (Mateo 28:19 BD), y los envió primero a Jerusalén, luego a toda Judea y Samaria, y hasta lo último de la tierra (Hechos 1:8).

La iglesia primitiva vaciló en soñar sobre cómo obraría Dios para que la última ordenanza de Cristo se llevara a cabo. El apóstol Pablo desafió esa inercia espiritual luego de su conversión, y dedicó su vida a viajar por el mundo proclamando a Cristo.

En Romanos 15 Pablo hace un resumen de su visión para el evangelismo. En primer lugar, en su informe pudo decir: “Desde Jerusalén, y por los alrededores hasta Ilírico, todo lo he llenado del evangelio de Cristo” (v. 19). Hasta sus enemigos admitieron que Pablo había saturado provincias enteras con el evangelio (Hechos 19:26) y que había causado conmoción en todos lados (Hechos 17:6).

Sin embargo, Pablo no se conformó saturando con el evangelio una pequeña región y dejando de lado el resto del mundo. Tuvo una estrategia para llegar a todo el Imperio Romano. “Pero ahora, no teniendo más campo en estas regiones y deseando desde hace muchos años ir a vosotros, cuando vaya a España iré a vosotros” (Romanos 15:23-24).

En ese capítulo Pablo continúa explicando su itinerario. En su mente pudo visualizar cada ciudad importante en la que haría una parada en su viaje a Roma. Anhelaba que, con el tiempo, la gente de esas ciudades capitales se convirtiera a Cristo–de la misma manera que yo deseo que ciudades y pueblos oigan la voz de Dios. Pero más aun, la meta final de Pablo era llegar con el evangelio de Jesucristo a todo el mundo conocido.

Como sucedió con Pablo, nuestra visión como cristianos debe ser “ganar para Jesucristo a tanta gente como sea posible en todo el mundo.” Ese es uno de los postulados que tiene nuestro equipo de evangelización, y también la razón de nuestra existencia. Siguiendo el ejemplo de Pablo, de manera activa y agresiva queremos evangelizar a las multitudes de ciudad en ciudad, usando todos los medios disponibles.

El evangelismo no es una opción en la vida cristiana. El apóstol Pablo declaró: “No me enorgullezco de predicar el evangelio, porque tengo esa encomienda como una obligación, y ¡ay de mí si no anuncio el evangelio!” (1 Corintios 9:6 BD).

Ya sea predicando, orando, viajando por todas partes o testificándole a nuestro vecino, todos debemos tener parte ganando al mundo para Cristo.

¿En qué forma específica ha de hacerlo usted?

Publicado bajo licencia escrita del evangelísta y pastor Luís Palau y  la Asociación Luís Palau