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El Fruto Imperturbable: la Pa El

El Fruto Imperturbable: la Pa El

#Devocional

«El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio. Contra estas cosas no hay ley».

Jesús nos promete paz. «La paz os dejo, Mi paz os doy; Yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo». Así como Jesús calmó el mar tempestuoso cuando Sus discípulos pensaban que la barca se iba a hundir y que se ahogarían, también es capaz de calmar las tempestades de la vida y darnos paz interior. La cuestión es acudir a Él ante el primer indicio de apuro. Como dijo Pablo: «No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús».

El rey David conocía ese principio y lo practicó en los Salmos. En muchos de ellos —que son, de hecho, oraciones— empieza por exponer una a una sus dificultades a Dios. A continuación, inevitablemente acuden a su memoria la bondad y el poder divinos, lo cual sosiega su mente y su corazón, y eso a su vez lo ayuda a no cejar en su fe hasta que se den las circunstancias óptimas para que Dios lo ayude a superar sus problemas.

Paz en medio de la tormenta
Se celebró en cierta ocasión un concurso de pintura en el que se pidió a los artistas que ilustraran el concepto de la paz. La mayoría de los participantes presentaron cuadros de tranquilas escenas bucólicas que reflejaban una quietud absoluta.

Esas, claro está, son expresiones de paz. Sin embargo, la paz más difícil de alcanzar es la que fue retratada por el cuadro que salió galardonado. Representaba los rápidos de un río, rugientes, atronadores, cubiertos de espuma por la violencia de la corriente. No obstante, en una ramita que se extendía sobre el agitado río, apenas visible, asomaba un nido en el que gorjeaba serenamente un pajarillo.

Esa paz solo se logra mediante el Príncipe de Paz —Jesús— y la convicción de que, pase lo que pase, Él cuidará de nosotros.
Que alcances la paz de la ola que corre,
la paz profunda del aire que fluye,
la paz profunda de la tierra callada,
la paz profunda de las fulgurantes estrellas,
la paz profunda de la noche sosegada.
Que la luna y las estrellas derramen sobre ti su luz.
Sea para ti la paz profunda de Cristo, el Hijo de Paz.
Bendición gaélica tradicional

Gálatas 5:22-23 (NVI) En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. No hay ley que condene estas cosas.

Juan 14:27 (NVI) La paz les dejo; mi paz les doy. Yo no se la doy a ustedes como la da el mundo. No se angustien ni se acobarden.

Filipenses 4:6-7 (NVI) No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.

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