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Isaías 60

Isaías 60

#EnergiaPositiva

»¡Levántate y resplandece, que tu luz ha llegado!
¡La gloria del Señor brilla sobre ti!
Mira, las tinieblas cubren la tierra,
y una densa oscuridad se cierne sobre los pueblos.
Pero la aurora del Señor brillará sobre ti;
¡sobre ti se manifestará su gloria!
Las naciones serán guiadas por tu luz,
y los reyes, por tu amanecer esplendoroso.
»Alza los ojos, mira a tu alrededor:
todos se reúnen y acuden a ti.
Tus hijos llegan desde lejos;
a tus hijas las traen en brazos.
Verás esto y te pondrás radiante de alegría;
vibrará tu corazón y se henchirá de gozo;
porque te traerán los tesoros del mar,
y te llegarán las riquezas de las naciones.
Te llenarás con caravanas de camellos,
con dromedarios de Madián y de Efa.
Vendrán todos los de Sabá,
cargando oro e incienso
y proclamando las alabanzas del Señor.
En ti se reunirán todos los rebaños de Cedar,
te servirán los carneros de Nebayot;
subirán como ofrendas agradables sobre mi altar,
y yo embelleceré mi templo glorioso.
»¿Quiénes son los que pasan como nubes,
y como palomas rumbo a su palomar?
En mí esperarán las costas lejanas;
a la cabeza vendrán los barcos de Tarsis
trayendo de lejos a tus hijos,
y con ellos su oro y su plata,
para la honra del Señor tu Dios,
el Santo de Israel,
porque él te ha llenado de gloria.
»Los extranjeros reconstruirán tus muros,
y sus reyes te servirán.
Aunque en mi furor te castigué,
por mi bondad tendré compasión de ti.
Tus puertas estarán siempre abiertas,
ni de día ni de noche se cerrarán;
a ti serán traídas las riquezas de las naciones;
ante ti desfilarán sus derrotados reyes.
La nación o el reino que no te sirva, perecerá;
quedarán arruinados por completo.
»Te llegará la gloria del Líbano,
con el ciprés, el olmo y el abeto,
para embellecer el lugar de mi santuario.
Glorificaré el lugar donde reposan mis pies.
Ante ti vendrán a inclinarse
los hijos de tus opresores;
todos los que te desprecian
se postrarán a tus pies,
y te llamarán “Ciudad del Señor”,
“Sión del Santo de Israel”.
»Aunque fuiste abandonada y aborrecida,
y nadie transitaba por tus calles,
haré de ti el orgullo eterno
y la alegría de todas las generaciones.
Te alimentarás con la leche de las naciones,
con la riqueza de los reyes serás amamantada.
Sabrás entonces que yo, el Señor, soy tu Salvador;
que yo, el Poderoso de Jacob, soy tu Redentor.
En vez de bronce te traeré oro;
en lugar de hierro, plata.
En vez de madera te traeré bronce,
y en lugar de piedras, hierro.
Haré que la paz te gobierne,
y que la justicia te rija.
Ya no se sabrá de violencia en tu tierra,
ni de ruina y destrucción en tus fronteras,
sino que llamarás a tus muros “Salvación”,
y a tus puertas, “Alabanza”.
Ya no será el sol tu luz durante el día,
ni con su resplandor te alumbrará la luna,
porque el Señor será tu luz eterna;
tu Dios será tu gloria.
Tu sol no volverá a ponerse,
ni menguará tu luna;
será el Señor tu luz eterna,
y llegarán a su fin tus días de duelo.
Entonces todo tu pueblo será justo
y poseerá la tierra para siempre.
Serán el retoño plantado por mí mismo,
la obra maestra que me glorificará.
El más débil se multiplicará por miles,
y el menor llegará a ser una nación poderosa.
Yo soy el Señor;
cuando llegue el momento, actuaré sin demora.»

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