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LA VERDADERA QUIETUD

LA VERDADERA QUIETUD

Hace un tiempo me enfrenté a un dilema que me sentí incapaz de resolver. A solas en la quietud de la noche, le di al asunto vueltas y más vueltas sin encontrarle remedio. Finalmente le pedí orientación al Señor.

Estaba tendido en la cama, a la espera de una respuesta. El silencio era absoluto. Se me empezaba a agotar la paciencia. Justo en el momento en que me levantaba a tomar agua, me habló una apacible y delicada voz:
—¿Estás seguro de que estás totalmente quieto y callado?

—Por supuesto que sí —respondí en mi interior—. Llevo un rato acostado en la cama, inmóvil, sin hablar, y hasta ahora no he oído nada. El silencio me está volviendo loco.

—Puede que tu cuerpo esté quieto y callado —explicó el Señor—. Pero ¿qué me dices de tu mente?
En ese momento se me aclaró el panorama, y descubrí por qué me sentía tan exhausto. A pesar de estar aparentemente tranquilo y callado, por dentro la ansiedad me atormentaba, el afán de encontrar las soluciones que necesitaba.

Al fin logré frenar mi mente. Mis pensamientos se fueron desacelerando hasta detenerse por completo. No me había dado cuenta de la velocidad con la que me circulaban por la cabeza. Fue maravilloso alcanzar una plena quietud interior. Saboreé la paz que me inundó cuando relajé la mente y el corazón. En aquel nuevo estado conseguí también disfrutar del silencio, minuto a minuto.

A la postre me vinieron las soluciones que necesitaba, no sin antes descubrir que la verdadera quietud es la de la mente, no la del cuerpo; y la auténtica confianza, la del corazón.

Por naturaleza soy mentalmente activo. Paso buena parte del tiempo planificando, analizando, reflexionando, cavilando; y por qué no reconocerlo, a veces también preocupándome y angustiándome. He repetido en varias ocasiones la experiencia que acabo de describir. El Señor me recuerda con asiduidad que estar de verdad quieto y callado es estarlo interiormente. Esa calma es la que le permite a Dios intervenir en nuestro favor. Gracias a ella se ganan batallas, se satisfacen necesidades y se descubren soluciones. Y lo que es más importante, esa quietud de mente y corazón fortalece nuestra relación con Jesús y nos proporciona una conexión más clara con Él.

2 Corintios 5:17 (NVI) Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!

Salmos 51:12 (NVI)
Devuélveme la alegría de tu salvación;
que un espíritu obediente me sostenga.

Romanos 12:2 (NVI)
No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.