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MIENTRAS LLEGO A LUGARES APACIBLES

MIENTRAS LLEGO A LUGARES APACIBLES

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Me encanta el Salmo 23. Quizá se deba a que siento predilección por los versículos que hablan de sitios tranquilos, bellos y apacibles. «En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de Su nombre».

Meditando en ese salmo me di cuenta de que en cierto modo es como un resumen de la vida. En apenas seis versículos se pinta un breve panorama de los ciclos de la vida: los altibajos, los buenos y los malos momentos, la tranquilidad y el caos. Sin embargo, en todo tiempo hay algo que perdura: la presencia de Dios. La verdad inmutable y permanente: «El Señor es mi pastor; nada me faltará».

Soy un animal de costumbres, y me encanta la comodidad. Disfruto de las temporadas en que descanso en pastos verdes y bebo de esas refrescantes y calmadas aguas; de esos períodos en que todo va bien, en que distingo y palpo las bendiciones, en que todo marcha como una seda.

Soy más dada a sentir la presencia del Señor en las temporadas de paz y abundancia. No habiendo muchas necesidades, tengo más confianza en que Él está presente y me acompaña. En esas épocas casi no necesitamos que se nos recuerde que Dios está con nosotros, porque ya lo percibimos, recostados en los delicados pastos, junto a aguas de reposo.

No obstante, cuando todo se desbarajusta y mis planes se van al traste —es decir, cuando paso por un valle tenebroso—, Su presencia se hace mucho más difusa. El rey David conocía bien lo que era pasar por esos trances. Será por eso que en el versículo cuatro evoca la presencia del Señor: «Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque Tú estarás conmigo; Tu vara y Tu cayado me infundirán aliento».

Dios está con nosotros y nos reconforta, aunque no sintamos Su presencia con la misma intensidad. Puede que el cruce del valle de sombras sea un poco o incluso mucho más largo de lo que esperábamos, pero Él siempre nos acompaña.

Ahora mismo estoy pasando por uno de esos valles de sombras. Y desgraciadamente estoy impaciente. Quiero que la prueba termine de una vez por todas. Pretendo que el Señor me proporcione de inmediato lo que necesito. Quiero pasar del valle tenebroso a los delicados pastos con la mayor celeridad posible. Y cuando llegue allá querré que esa parte de mi vida se extienda lo más posible antes que se vea interrumpida por el cruce de otro valle de sombras.

Esta mañana leí un texto que expresaba con claridad mi inclinación natural. Sin embargo, me recordó que el plan y el enfoque de Dios son mucho más amplios y mejores que los míos. Así pues, yo a menudo deseo que el Señor termine pronto los duros procesos, cuando la realidad es que le llevará un poco más de tiempo sincronizarlo todo para llevar a cabo Su plan. Esto fue lo que leí:

«A Dios le encantan las sorpresas. Los seres humanos deseamos llevar una vida sencilla, fácil y predecible, que sea como una senda tranquila, plana, que se extienda hasta donde alcance la vista. A Dios, en cambio, le gusta salirse del camino. Nos pone en aprietos que parecen rebasar nuestro aguante y comprensión, pero que en realidad no nos superan. Por Su amor y Su gracia, perseveramos. Los desafíos que nos producen un nudo en el estómago indefectiblemente fortalecen nuestra fe y nos comunican una sabiduría y una dicha que de otra forma no conoceríamos».

Me encantaría que se me deshiciera ese nudo en el estómago y acabaran las tensiones; pero a la vez me inclino a pensar que a Dios le gusta este viaje. De una manera u otra, sé que Él hará que todo redunde en mi bien. Mientras tanto, espero aprender todo que Él quiere que aprenda antes que termine esta caminata y llegue otra vez a delicados pastos. No necesito sino un poco de paciencia, hasta el momento que Él determine.

Otra promesa bíblica que está entre mis favoritas es: «Cosas que ojo no vio ni oído oyó ni han subido al corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para los que lo aman»5. Sé que ese versículo se refiere a lo que el Señor nos ha preparado en el Cielo, pero también lo invoco para lo que estoy segura que me ha preparado aquí en la Tierra. Puesto que lo amo, y Él me ama, sé que tiene previstas para mí cosas buenas.

Salmos 23:2-3 (NVI)
en verdes pastos me hace descansar.
Junto a tranquilas aguas me conduce;
me infunde nuevas fuerzas.
Me guía por sendas de justicia
por amor a su nombre.

1 Corintios 2:9 (NVI)
Sin embargo, como está escrito:
«Ningún ojo ha visto,
ningún oído ha escuchado,
ninguna mente humana ha concebido
lo que Dios ha preparado para quienes lo aman.»

Salmos 34:10 (NVI)
Los leoncillos se debilitan y tienen hambre,
pero a los que buscan al Señor nada les falta.

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