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Monte de basura

¿Te has preguntado alguna vez por qué los países son como son?
A menudo no tenemos ni idea de por qué las personas son como son, por no mencionar los países enteros, ¿no? Cuando nos encontramos con una persona que habla el mismo idioma, criada en nuestro país, con creencias iguales, o la misma falta de ellas, sigue siendo igual estrellarse contra una galaxia extraterrestre entera. ¿Y si esta persona habla, piensa y sueña en un idioma extranjero? ¿Qué pasa si a esta persona se le enseñó a vivir en una realidad completamente exótica, valorar valores diferentes, perseguir otros objetivos y por medios que nos parecen tan inconmensurables?
En un mundo cada vez más interconectado tenemos que ser capaces de comprenderlo también cada vez más. Tenemos que poner esfuerzo para educarnos sobre la diversidad, acentuar la sensibilidad a lo alterno y crecer fuera del tan cómodo, pero al igual tan perezoso traje de nuestro propio etnocentrismo.
Y cuanto más viajamos, más difícil se hace encontrar la verdad única. Y aún más difícil se hace cuando tenemos amigos extranjeros y en consecuencia más puntos de vista que rodean el nuestro. Y mejor todavía, lo más difícil se vuelve cuando nos casamos interculturalmente y así adquirimos una nueva familia en el otro lado del mundo, y este lado tan ajeno, de repente se convierte en un lado nuestro. Nuestro nuevo hogar. Una especie de casa, una casi patria.

Y luego vienen los desacuerdos…
Porque, seamos sinceros, ¿las culturas son más similares o más diferentes unas de otras? Y en general, ¿están progresando o simplemente cambiando de piel? Y si es el progreso, significa que evolucionan separadas con el tiempo? ¿O es que las ideas se difunden desde un lugar a otro transformando y modificándose dependiendo de contra qué choquen en el camino? Y lo más importante, e inapropiado…, si las culturas progresan, ¿significa que algunas han evolucionado más que otras?


Por supuesto, no se puede asentir, y no sólo para evitar ser políticamente incorrecto, sino sobre todo porque, las diferentes culturas tienen diferentes cosas que ofrecer. Sí, son estructuras tan complejas, no homogéneas y ricas que sería estúpido reducirlas a una ecuación así de simplista.

Pero las diferencias existen y dan lugar a enfrentamientos. Y no es fácil cuando uno esta observando desde afuera hacia dentro.
Por ejemplo, cuando se trata del monte de basura.
SÍ, la basura. ¿Por qué, POR QUÉ … un país tan hermoso, tan relativamente pequeño – por lo tanto manejable, culturalmente rico en tradiciones, historia, recursos humanos y equipado con un alentador espíritu tan positivo como la República Dominicana tiene que estar constantemente cubierto por tanta basura?
¿Se debe a que es relativamente común y asequible contratar ayuda doméstica? ¿Será porque los servicios están tan disponibles? ¿Es porque es tan fácil de obtenerlos que se les olvida a la gente cómo limpiar su propio reguero? Será porque uno se acostumbra a que alguien siempre llega a hacerlo por tí?

Visité la isla para navidades y fue una experiencia tan nostálgica. Vi a mi familia dominicana, visité todos los rincones encantadores de la capital y comí mis platos dominicanos favoritos. Nos relajamos, nos fuimos a Bahía de las Águilas y compartimos con la gente local. Y fue divertido, fue caribeño y lleno de música. Sería perfecto si, y sólo si, no estuviera también lleno de basura. En serio, ¿las autoridades nunca se molestan en limpiar? Y más importante aún, ustedes, los habitantes, no les molesta desecharla a todo su alrededor?

Había un cadáver de perro descomponiéndose en el medio de la calle.
Había desperdicios al lado de tantas calles y callejones de Santo Domingo que es difícil contar.
Había gente caminando tirando papelitos y botellas en el suelo como si fuera todo un gran vertedero.
Había incluso vasos de plástico flotando en las aguas cristalinas de la Bahía de las Águilas…
Y los restos de comida pudriéndose cubiertos en plástico allá mismo, ¡en las playas de arena blanca, que los dominicanos aprecian tanto!
Pero las aprecian de verdad? Es su isla. Es su país. Es su tierra. Ustedes no quieren que la maltraten, malversen, o vendan, pero no son capaces de cuidarla. Es tan absurdo y tan triste verlo. Para alguien que observa de fuera, pero también alguien que por el sentimiento y el matrimonio se siente dominicanizada.
Realmente no quería que mi primer artículo de este año fuera así, pero, no quiero que ninguno de mis artículos de cualquier año fuera así, entonces, me imagino que tal vez es mejor no callarse.. Algunas cosas hay que decirlas. Para cambiarlas. Con suerte.
Repito, como una extranjera, pero también como alguien con fuertes ataduras dominicanas (por elección y no por casualidad) – no importa la cantidad de dinero ganado, y gastado, no importa que tan lejos se vayan politiqueando, o cuantas posiciones de importancia consigan, carros compren o ruido hagan, hasta que uno no aprenda a limpiar su propia suciedad, el país este, tan hermoso, se quedara, constantemente y desgraciadamente cubierto por montes de basura.

Y sería una pena, ya saben, teniendo en cuenta que la República Dominicana lo tiene todo. Dicen que demasiado amor te matará, ¿y demasiado de todo?
No es necesariamente positivo, cuando este todo incluye peligro de epidemia.