Mundo árabe le declara la guerra a Irán en Yemen

Aviones de guerra saudíes han comenzado a descargar plomo sobre Saná en la madrugada de este jueves, abriendo una nueva e incierta fase del laberinto yemení.

El inicio de la bautizada como ‘Tormenta de la firmeza’ -diseñada para detener el avance del grupo rebelde chií de los hutíes- ha golpeado el palacio presidencial y el aeropuerto de la capital de Yemen, así como varias bases militares en poder de los hutíes y las tropas leales al ex presidente Ali Abdalá Saleh a lo largo y ancho del país. Los primeros bombardeos -que han destruido además la defensa antiaérea de los hutíes- se han cobrado al menos 25 vidas, entre ellas las de seis niños, según fuentes médicas consultadas por Amnistía Internacional. Durante toda la jornada, nuevos ataques han alcanzado la base militar de Al Tarik -en las proximidades de Taiz, la tercera ciudad del país- y posiciones hutíes en sus bastiones del norte, limítrofes con Arabia Saudí.

La ofensiva, reclamada por el presidente Abdo Rabu Mansur Hadi para abortar el inminente asalto de los hutíes a la ciudad sureña de Adén, amenaza con agravar la refriega sectaria que desangra Oriente Próximo. Horas después de los primeros ataques aéreos, Teherán -aliado de la milicia chií- ha alertado de que la “invasión” respaldada por Estados Unidos “solo fomentará la guerra civil o la desintegración del país”. La campaña liderada por Riad -que ha aportado cien aviones de combate y desplegado unos 100.000 soldados en la frontera con Yemen- está integrada además por Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Bahrein, Kuwait, Egipto, Jordania, Marruecos, Sudán y Pakistán.

“El motivo de la intervención es el desafío directo planteado a Arabia Saudí por Irán a través de los hutíes. Hay la percepción de que era necesario revertir la creciente influencia iraní en la región. La yemení es esencialmente una guerra entre los árabes e Irán”, apunta Ganem Nuseibeh, profesor visitante del Kings College de Londres. Una contienda en la que Washington no participa directamente, pero cuya complicidad no oculta tras prestar “apoyo logístico y de inteligencia” a Riad. “Entendemos las preocupaciones saudíes, la amenaza que perciben en su frontera y a la que están respondiendo y respaldamos sus esfuerzos para hacerle frente”, ha explicado en las últimas horas Jeff Rathke, portavoz del Departamento de Estado estadounidense.

Reino Unido y Francia también han aplaudido la intervención, mientras que la jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini, ha insistido en que la “acción militar no es la solución” y ha alertado de las “consecuencias regionales” instando a un diálogo político que los rivales en liza rechazan.

Por su parte, el presidente iraní, Hasan Rohani, ha llamado a los países de la región a “abstenerse de cualquier acción que pueda agravar la crisis”. Un alto cargo iraní ha avanzado a Reuters que Teherán “recurrirá a todas las vías políticas posibles para rebajar la tensión”. “La intervención militar no es una opción”, ha agregado. La inestabilidad y el temor a que el conflicto afecte al transporte de crudo ha provocado este jueves una subida del 4% del petróleo Brent.

Entretanto, fuentes saudíes han asegurado que las operaciones contra los hutíes “se prolongarán todo el tiempo que sea necesario” hasta que el país más pobre del Golfo Pérsico -cuartel general de Al Qaeda en la Península Arábiga y escenario de un complejo puzzle de movimientos separatistas y divisiones sectarias- recupere el Gobierno “legítimo” de Hadi, que el mes pasado huyó a Adén después de que los hutíes se hicieran con el poder y colocaran a su Ejecutivo bajo arresto domiciliario. Precisamente Hadi, que permanecía desde el miércoles en paradero desconocido, ha aterrizado a última hora de este jueves en Riad, desde donde viajará a la ciudad egipcia de Sharm el Sheij para asistir a una cumbre de la Liga Árabe en la que la escalada yemení centrará la agenda. Este jueves, durante un encuentro preparatorio de la conferencia, los ministros de Exteriores árabes han acordado un proyecto de resolución que apuesta por establecer una fuerza militar unificada árabe de 40.000 efectivos que tendría como objetivo una intervención rápida en un región asolada por los conflictos.

El Cairo aboga por el mecanismo desde que a mediados de febrero lanzara ataques aéreos sobre posiciones del autodenominado Estado Islámico (IS, por sus siglas en inglés) en la vecina Libia. El plácet del resto de países árabes coincide con el ruido de una posible intervención terrestre en Yemen. El régimen egipcio, que ha desplazado cuatro buques de guerra hacia las costas del país, ha declarado estar dispuesto a enviar tropas. Fuentes militares egipcias citadas por AP han admitido que el plan para la invasión está ya en marcha. Riad, no obstante, ha suavizado el ardor egipcio: “No hay planes inmediatos para lanzar operaciones terrestres, pero nuestras fuerzas y las de nuestros aliados están preparadas si es necesario”, ha precisado el portavoz de la ofensiva, Ahmed Aseri. “Es una escenario posible e incluso necesario, pero resultará muy sangriento. Yemen es el país con mayor número de armas por habitante de la región y hay muchos jugadores en liza como Al Qaeda, que siente la misma animadversión hacia saudíes e iraníes. Existe un grave riesgo de contagio, incluyendo a Omán, cuya frontera con Yemen es muy porosa”, aventura Nuseibeh.