Pregúntale a Ernesto: Qué Frío!

(Por Ernesto Pinto)

Cuando era joven salí de mi cálida y húmeda ciudad, con una pequeña maleta y un enorme saco de sueños…

Así fue como llegué a una ciudad muy fría, donde había que abrigarse mucho para poder salir. Nunca había experimentado la nieve y fue todo un espectáculo ese día para mí, poder ver esas blancas hojuelas caer desde el cielo. Mientras caminaba por esas frías calles de Chicago, podía ver el (“humo”) aliento que salía de la boca de las personas cuando caminaban arropadas con sus abrigos y bufandas, mientras llevaban las manos en los bolsillos.

A pesar del frío y los riesgos desconocidos de aquel clima para mí, levanté mis manos al cielo, abrí mi boca y empecé a saborear la nieve; en pocos minutos aquella “harina” me había cubierto casi completamente.

 Aún en ese intenso frío, encontré personas que tenían el corazón caliente, gente amable, positiva y con esperanza. Ellas, a pesar de las circunstancias, disfrutaban decirme que había una razón para vivir; así aprendí que el frío no debe apagar la esperanza, el amor y las ganas de hacer las cosas bien. Hay que poner buena cara al mal tiempo como decía mi madre, hay que transformar las cosas duras de la vida en algo bueno y positivo. El frio debe invitarnos a vestirnos de la confianza en Dios, a ponernos los guantes de la ayuda al prójimo, a cubrirnos con la bufanda de la fe, a esforzarnos por mantener un clima de calor y paz en todo lo que hagamos.

Me animé a escribir esta nota, porque recibí una consulta a través del correo electrónico de un corazón, a mi juicio, cargado del “frio” del rencor, “congelado” por la falta de perdón. La “nieve” de la desesperanza había llevado a esta joven a decir: -“No quiero perdonar a mí papá, porque me abandonó y no estuvo cuando más lo necesité….”

¡Qué duro es el frío de un corazón que se resiste a perdonar!

En la oración del Padrenuestro Cristo nos enseña a decir: “Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores” Mateo 6:12. En otro pasaje nuestro amado salvador nos DEMANDA a perdonar: si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes…” Mateo 6:15.

La falta de perdón es el hielo que produce el rencor y el odio, que como un cáncer, van pudriendo poco a poco de modo irremediable tantos corazones. Un corazón congelado por la ausencia de Dios, solamente respirará miedo a la vida, al futuro, a la vejez, a la enfermedad. Un corazón paralizado por la falta del calor del Espíritu sólo producirá muerte a su alrededor, pero eso no le ocurrirá a los que siembran para el Espíritu, pues así lo dice Su Palabra en Gálatas 6:8.

Decile adiós al frío de la incredulidad y bienvenido al sol de la alegría y de la paz interior, que sólo Cristo nos puede dar.

Recuerda las cálidas palabras de Jesús: “… Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.”  Lucas 5:31-32

El sol de la esperanza brilla hoy para todos. Nuestro padre eterno quiere cambiar el llanto por una nueva canción. Creer en lo que Cristo hizo por nosotros en aquella cruz, es lo que nos hará sonreír.

Ninguno de nosotros puede controlar la temperatura exterior, pero sí mantener el calor de nuestro interior, el del espíritu.

¡En Cristo hay perdón!

Publicado del sitio www.encuentro.ca bajo licencia escrita del pastor Ernesto Pinto.
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