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RECUERDOS DE MARTA

RECUERDOS DE MARTA

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Marta, mi vecina, pasó a mejor vida esta semana tras una larga lucha con un enfisema. La extrañaré. De hecho, en los últimos días he pensado mucho en ella.

Cuando mi marido, Dan, y yo nos mudamos al vecindario, Marta nos invitó a su casa a tomar un té con galletas. Nos sentamos en la sala, que mantenía inmaculada, y hablamos de nuestra familia y de la obra voluntaria que habíamos llevado a cabo en México. Nos sentimos muy a gusto, y yo muy agradecida de contar con una vecina como ella, que se preocupó de comunicarnos que éramos bien recibidos.

Estos últimos ocho años, casi todos los días he mirado por la ventana y elevado una oración por Marta. Sentía que debía velar por su bienestar y ponerme a su disposición cuando me necesitara.

Es que Marta vivía sola. No tenía hijos, y su marido ya había fallecido. Como su salud se fue deteriorando en el último año, Dan recogía el periódico cada mañana y se lo dejaba junto a la puerta para que ella pudiera recogerlo con facilidad. Un día advertí que el jardinero estaba cortando el pasto de su jardín. Al cabo de un rato el ruido de la máquina se oyó más fuerte, y me di cuenta de que estaba cortando también el nuestro. Marta me hizo una seña desde su puerta, dándome a entender que era una forma de agradecernos la consideración de Dan.

Yo admiraba el jardín impecable de Marta. Fue un honor para mí que me pidiera que me encargara de sus plantas cuando se fue de vacaciones. Sus plantas eran como sus mascotas. Las cuidaba con esmero y cariño, y estaban espléndidas.

El otro día vino a vernos su mejor amiga. Hablamos un rato, y nos explicó que Marta había abierto un fideicomiso y que el banco se quedaría con su casa. Le pregunté acerca de las plantas, y me aconsejó que las recogiera y las cuidara, pues una vez que vinieran los del banco y cerraran la propiedad, las plantas del patio trasero se perderían. De nuevo me sentí honrada. Sus plantas le traían mucha alegría. Ahora me la darían a mí y a mi familia.

Marta me enseñó mucho. Quiero asegurarme de que su legado de cariño y amistad perdure tanto como sus plantas. En el futuro me preocuparé de dar la bienvenida a las personas que lleguen al vecindario; no con el ánimo de curiosear o meterme en su vida, sino para expresarles que estoy a su disposición si les hace falta cualquier cosa. Todos necesitamos un buen vecino de vez en cuando.

Romanos 13:4 (NVI) pues está al servicio de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, entonces debes tener miedo. No en vano lleva la espada, pues está al servicio de Dios para impartir justicia y castigar al malhechor.

Mateo 7:1-2 (NVI) »No juzguen a nadie, para que nadie los juzgue a ustedes. Porque tal como juzguen se les juzgará, y con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes.

1 Timoteo 5:8 (NVI) El que no provee para los suyos, y sobre todo para los de su propia casa, ha negado la fe y es peor que un incrédulo.

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