
CAPITULO IV
ASAMBLEAS DE DIOS
EN REPUBLICA DOMINICANA
LOS CARPINTEROS DE DIOS
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Empero, la influencia y la labor del hermano Pancho si se
dejó sentir a favor de las Asambleas de Dios.
Para el 1943 había congregaciones establecidas ya en todo
el país gracias al trabajo de hombres como Juan Críspulo
Rivera, quien levantó obras en Seibo, Arroyo Grande, Pedro
Sánchez, La Enea, La Cuchilla, Casiquillo y Guaymate.
En una reunión celebrada en Guaymate se había acordado
que todas estas iglesias formaran parte de las Asambleas
de Dios, organización que inició sus trabajos formales en
República Dominicana en el año 1942 con la llegada de
misioneros de Estados Unidos, con quienes se establecieron
lazos de confraternidad. Ellos hicieron un extraordinario
esfuerzo misionero.
Era la época en la que Trujillo había sido electo para
un tercer periodo, gracias a haberse manejado con mucha
destreza con el gobierno americano.
Una de las obras realizadas por el hermano Pancho fue
el establecimiento de un instituto bíblico en San Pedro de
Macorís donde estudiaron los primeros obreros. Por allí
pasaron Enrique Suárez, Maria Santana, Domingo Figueroa,
Pablo Mariano y Lucas Evangelista Zapata.
En el año 1941 llegó al país el Misionero doctor Williams
L. Perrault, quien fue enviado desde el Concilio General
de las Asambleas de Dios de Springfield Missouri con la
finalidad de orientar a los hermanos en todo lo que tenía que
ver con los trabajos espirituales y la plantación de nuevas
iglesias. Más tarde llegaron también desde Estados Unidos
los misioneros Thomas B. Evans y Rene Veles F.
El día 4 de febrero del 1942 se celebró la primera
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convención nacional, que tuvo lugar en San Pedro de
Macorís. Allí simplemente se dio inicio a una jornada
de convenciones que tuvieron como escenario a Santo
Domingo, Santiago y La Romana.
La razón por la cual estas reuniones se celebraron en estos
lugares se bebió a que los pastores no tenían la facilidad de
trasladarse de un punto a otro con mucha facilidad. La
dinámica de estas reuniones consistió en que lo que se
trataba en una no se repetiría en la siguiente, sino que, al
final, todo sería llevado a una sumatoria para su aprobación
definitiva y para su presentación a la obra nacional.
En la primera convención, presidida por el misionero
Perrault, se presentó a los demás líderes al hermano Evans,
quien fuera superintendente en El Salvador. En la ocasión se
le escogió como secretario provisional.
En la segunda se dio un paso muy importante en lo que
respecta a la institucionalidad de la obra nacional con la
introducción del Reglamento Local, el cual fue traído de
Centroamérica. Entre los puntos que fueron tratados y
observados estuvo el de lavatorio de los pies. También
se trató el proyecto de Constitución de las Asambleas de
Dios, el sostenimiento del pastor y de la obra nacional. La
conferencia fue clausurada dejándose al pastor Eduardo
Vásquez instalado como presbítero de la zona de San Pedro
de Macorís. Eusebio Luna y Andrés Geraldo fueron los
delegados.
La convención de La Romana fue celebrada el 22 de
febrero de 1942 y en ella se escogieron a los diáconos de
la iglesia local y se instaló a Enríquez Suárez como pastor.
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Los presentes continuaron con los trabajos de observación
al Reglamento Local. El tema tratado tuvo que ver con la
Escuela Dominical. Eduardo Vásquez fue escogido como
presbítero ejecutivo y Enríquez Suárez como presbítero de
El Seibo.
El 8 de marzo del 1942 se celebró la tercera convención en
Santiago, en la iglesia del pastor Jacinto Pérez. Se presentó
una comunicación enviada por la obra de San Pedro y se
continúo con las observaciones al Reglamento Local. En
esta ocasión se cambió el nombre de la Sociedad de Jóvenes
por el de Embajadores de Cristo. Otro hecho importante es
que en esa ocasión se decidió cambiar el nombre a la obra
nacional de Iglesias Evangélicas Pentecostales por el de
“Iglesia Evangélica de las Asambleas de Dios.”
Tras la celebración de estas convenciones, los misioneros
Perrault y Evans tuvieron que salir del país. A partir de este
hecho la obra empieza a tomar un giro diferente. El hermano
Frank Finkenbinder escribió una carta al hermano Enríque
Suárez sugiriéndole que efectuara una convención a los fines
de organizar la obra.
Con la presencia de siete congregaciones, esa convención
se celebró en San Pedro de Macorís en el mes de febrero
del 1943. Se escogió al primer comité ejecutivo conformado
por Enrique Suárez, superintendente; Francisco Castro
Hernández, secretario-tesorero; Domingo Figueroa,
presbítero ejecutivo; y María Santana de Figueroa,
misionera
En el año de 1943 hubo una gran presencia de misioneros
extranjeros, mayormente de Estados Unidos, quienes
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vinieron para trabajar en la obra nacional. En principio estos
misioneros no dominaban el español, pero con el paso del
tiempo hicieron el esfuerzo hasta llegar a compenetrarse
de manera efectiva con los nativos. Al hermano Elwood
Hoewy, quien vino de Springfield, Estados Unidos, le
traducía el hermano Luis M. Ortiz, quien había llegado
desde Puerto Rico junto a su esposa, Rebeca.
El trabajo de los misioneros Mock, Warner y Puig trajo
como bendición la instalación en el 1944 del Instituto
Bíblico de Santiago. Este importante centro de estudio de
la Palabra fue trasladado a La Romana debido a que la junta
administradora del mismo decidió hacerlo porque en aquella
región era donde se registraba el mayor número de jóvenes
que decidían prepararse para el ministerio.
Finalmente, el instituto terminó siendo trasladado a la
capital de Santo Domingo porque se quería un lugar propio.
Gracias a la providencia divina, el señor Antonio Lendon,
decidió vender los terrenos a un precio módico tras entender
que un ángel le habló. El hermano H.C. Ball estaba de visita
Parte de los
obreros que han
sido formado
en el Instituto
Bíblico Central
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en el país en esos días y en pleno terreno tomó un puñado
de tierra y oró a Dios pidiendo que la compra pudiera ser
posible. Es aquí donde se establecieron, también, las oficinas
del concilio gracias a la colaboración de los misioneros y de
la obra nacional.
Para el 1947, el director del instituto lo era el hermano
Verne A. Warner. Entre los primeros estudiantes figuran
Ramón Taveras, Pedro Castillo, Primitivo Alburquerque,
Juan Feliz y Jimiro Feliciano.
Ha sido de gran valor el aporte hecho por los misioneros
norteamericanos a la obra nacional. Su labor y visión estuvo
desde un principio encaminada a la preparación intelectual
de los obreros criollos, al levantamiento de la infraestructura
y a la institucionalización de la organización. Los nombres
de William Perrault, J. B. Evans, Eugenio Hunt, Einar y
Raquel Peterson, entre otros, tienen mucho que ver con el
desarrollo de las Asambleas de Dios en el país.
Los estudios teológicos para los obreros recibieron un
gran impulso cuando llegó al país en 1974 el Instituto de
Superación Ministerial (ISUM), destinado sólo al liderazgo.
En el 1952 visita al país el reverendo Howard. S. Bush,
superintendente de las Asambleas de Dios del Distrito Sur
de la Florida. Este hermano hizo una sugerencia a la obra
nacional en el sentido de permitir que el superintendente
dependiera de un sostenimiento para que pudiera dedicarse a
tiempo completo al ministerio. El reverendo Enrique Suárez
afirma que esto dio un gran empuje a la obra nacional.
El crecimiento que estaba teniendo el concilio a
nivel nacional llevó a que se construyera un centro de
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convenciones en los terrenos del Instituto Bíblico Central
de las Asambleas de Dios, ubicado en el kilómetro doce y
medio de la Autopista Duarte, el cual tiene capacidad para
dos mil personas. Con el paso de los años este lugar resultó
ser pequeño debido al crecimiento que ha experimentado la
obrería nacional.
En el mes de enero del 1953 el Concilio Evangélico
Asambleas de Dios de la República Dominicana, recibió
del Presidente Leonidas Trujillo Molina la concepción de
incorporación mediante el decreto No.8791.
El año 1954 fue una fecha muy significativa para los
evangélicos de todo el país. El movimiento pentecostal recibió
un gran empuje con las predicaciones de los evangelistas
David García y Jaime Cardona, este último impresionaba a
los amigos y a los creyentes con el acordeón.
Por toda la nación corrían los testimonios de los milagros
Miembros del Comité Ejecutivo
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y de las sanidades que Dios hacía en las campañas
multitudinarias que se realizaban en la capital.
Ese mover de Dios trajo bendición a las Asambleas de
Dios. Solamente la Iglesia Central recibió doscientos nuevos
creyentes y en la zona del Sur se establecieron quince nuevas
congregaciones.
En el 1968 asume la superintendencia del concilio el
reverendo Jimiro Feliciano. Aunque la obra iba creciendo, lo
cierto es que en término económico el nuevo superintendente
tuvo que lidiar con una situación muy difícil. Los ingresos
al concilio llegaban sólo a la suma de mil pesos. El medio
de transporte para el ejecutivo era una camioneta que había
recibido de la gestión del hermano Suárez. En ella se hacían
las mudanzas de los obreros.
Al hermano Feliciano le tocó dirigir los destinos del
concilio en una época muy traumática para los dominicanos.
La vida de la nación se encontraba convulsionada por
la inestabilidad política producto del derrocamiento del
gobierno del profesor Juan Bosch en 1963.
Jimiro asumió la superintendencia de las Asambleas
de Dios cuando hacía dos años que el doctor Joaquín
Balaguer había tomado las riendas del Estado dominicano
para permanecer en el poder por espacio de doce años,
caracterizados por violaciones a los derechos humanos,
represión política, asesinatos y encarcelamientos.
Los demás miembros que integraban el comité ejecutivo
eran Jacinto Pérez, vicesuperintendente; Ramón Taveras,
secretario; Heriberto Batista, Tesorero; Alejo Mercedes,
presbítero ejecutivo y Lerry Dederblon, misionero.
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El concilio había abierto más obra tanto en el interior
como en la capital, pero en el 1970 se produjo una crisis
económica tan difícil que hubo la amenaza de cerrar algunas
de las obras. Dios obró de manera especial y, en cambio, se
abrieron otras quince iglesias nuevas.
El reverendo Feliciano se mantuvo al frente de la obra
hasta el 1976, fecha en que decidió partir hacia los Estados
Unidos.
Es en ese mismo año que asume la superintendencia de las
Asambleas de Dios el reverendo Felix Hernández, quien
permaneció en el cargo hasta el 1982. En ese mismo año se
produjo el traspaso administrativo y direccional del Instituto
Bíblico de las Asambleas de Dios el cual había estado bajo la
regencia de los misioneros norteamericanos delegados por el
Asamblea de Dios Central era el lugar desde donde se dirigía toda la
obra nacional.
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Concilio General de las Asambleas de Dios de Springfield,
Missouri, Estados Unidos. Desde entonces la entidad
educativa ha estado bajo el control de la obra nacional,
cuyos directores son escogidos por el presbiterio general.
El Instituto Bíblico Central de las Asambleas de Dios ha
jugado un papel importante en la formación de los líderes de
la organización. El mayor porcentaje de los pastores, obreros
y líderes han salido de este centro.
Fue en este tiempo cuando se estableció en el país
la Editorial Vida. Su misión ha estado enfocada al
fortalecimiento del desarrollo intelectual y devocional de los
creyentes y de los obreros con la distribución de una gran
cantidad de libros de diversas categorías.
La Editorial Vida, con sede inicial en Springfield, y hoy
en Miami, ha sido el medio capitán en la distribución del
material que se usa en la Escuela Dominical, departamento
que ha sido considerado como corazón de la iglesia para el
fortalecimiento de la fe de los creyentes y en la preparación
de obreros locales.
La Avenida Duarte, con Eusebio Manzueta, fue el lugar
donde se mantuvo operando la librería. En un lado de la
Asambleas de Dios Central, congregación esta que se levantó
en un terreno que había comprado el misionero Jenry Mock
por la suma de dos mil pesos dominicanos en el 1945. Se
trata de una obra que fue fundada en 1939 por los hermanos
Angel Betancourt y Pedro Cabrera. En la Central estuvieron
operando por muchos años las oficinas encargadas de dirigir
los trabajos del concilio hasta la llegada del reverendo
Miguel García.
Samuel Santana
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Tras un acuerdo con los misioneros los derechos de
distribución y administración de la librería y del material
pasó a ser controlado por la obra nacional. La primera
administradora de este local fue la señora Rebeca Contreras.
Uno de los grandes logros obtenidos durante la gestión
del reverendo Félix Hernández fue la descentralización
del gobierno eclesiástico. En una relación que da el
mismo Hernández afirma que las Asambleas de Dios
tuvo una tendencia más inclinada hacia lo presbiteriano.
Esto así porque se hacía automáticamente una especie de
transferencia o acopio de los sistemas políticos de América
Latina. En su origen las Asambleas de Dios fue presbiteriana
y congregacional, manteniéndose una relación equitativa.
El fortalecimiento institucional del concilio se manifestó
en la organización de los presbiterios seccionales, el
presbiterio general, las prerrogativas de la asamblea
nacional con sus revisiones y enmiendas a los reglamentos y
estatutos. También se hizo patente en la formación de varios
departamentos nacionales como son Misiones, Evangelismo,
Servicio y Educación. Dentro de este renglón se considera
también la creación de los presbiterios.
El tiempo se ha encargado de demostrar los beneficios de
estas decisiones. La obra nacional se ha visto atravesando
por situaciones de gran envergadura, que han puesto a
prueba la institucionalidad de la organización, saliendo esta
fortalecida y preparada para continuar enfrentando nuevos
retos.
Con miras a dinamizar el crecimiento de la iglesia, fue
el 1979 cuando los ejecutivos del concilio tomaron la
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decisión de producir en el país lo que se denominó como una
“invasión evangelística”. En el mes de abril se efectuaron
varias campañas de plantación de iglesias, fortalecimiento y
avivamiento de manera masiva.
Estas actividades fueron realizadas en parques, estadios,
canchas, calles y solares. Este tipo de jornadas se realizaron
en el 1983 y en el 1994. Desde entonces ha sido virtualmente
una constante.
En el 1979 la educación se fortalece aún más con la
fundación del Instituto Bíblico Filadelfia cuyo objetivo
principal era preparar maestros para que impartieran sus
conocimientos en los demás institutos. Para ingresar a este
centro los estudiantes deben ser graduados de bachilleres. El
5 de septiembre del 1979 empezó a funcionar este centro en
unas facilidades cedidas por el reverendo Tirso Luis Barrera
y su señora esposa, la licenciada Dulce María Corporán de
Reverendo
Raymond
Carlson
participó en el
cincuentenario
de la AD
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Barrera. Entre los alumnos que iniciaron los estudios figuran
Félix Hernández, Silverio Manuel Bello, Cornelia Vásquez,
Ivelisse Cornielle, Francia Cedenño de Hernández, Pedro
Ramón Gómez.
También se encuentran Adis de Valdez, Damaris Fuertes,
Hedí Chag, Dolores Luisa Liz, Mildred Victoria, Agapito
Carpio, Josefina de Arcángel, Juana Ovalle y Cristina
Quintana.
Para este tiempo las convenciones y las actividades
extraordinarias del concilio se realizaban en la Asambleas
de Dios Central.
Del 1982 al 1988 tuvo lugar la gestión del hermano
Manuel de Jesús Cruz, quien era oriundo de la ciudad de
Baní. Su vida ministerial pasó por situaciones muy críticas
hasta que Dios lo coronó como superintendente de las
Asambleas de Dios. Fue en el 1966 cuando el ciclón Inés
le llevó la capilla y la casa pastoral en la que residía con su
esposa, la hermana Cándida Troncoso, y sus tres hijos.
Su gestión al frente del concilio se destacó por un amplio
programa de predicación de la Palabra a través de grandes
campañas evangelísticas. En el 1986 llegó al país el piloto
Miguel Hines quien por espacio de un mes se mantuvo
volando por los cielos dominicanos pregonando el evangelio
de Jesucristo en una avioneta. Varias iglesias fueron
establecidas gracias a esta labor evangelística y misionera.
En ese año el hermano Cruz salió de la superintendencia y se
radicó en Estados Unidos donde se dedicó a pastorear.
En el 1988 el reverendo Félix Hernández optó por un
período más frente a la superintendencia del concilio. Su
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gestión se extendió hasta el 1992 tras decidir no correr para
un tercer período más. Durante este tiempo el hermano
Hernández continuó impulsando el proceso de educación
de la obrería nacional. A nivel nacional se establecieron
varios institutos bíblicos y en el 1989 se inició la facultad de
teología en la ciudad de San José, Costa Rica. Pedro Ramón
Gómez y Blanca de Gómez fueron los primeros obreros
nacionales en viajar para adquirir el grado de maestría en
teología.
Otro hecho de gran importancia fue la celebración en el
1992 del Cincuentenario de las Asambleas de Dios de la
República Dominicana. Este evento contó con la presencia
de varias visitas internacionales. En representación del
Concilio General de las Asambleas de Dios de Estados
Unidos se contó con la presencia del superintendente de
la organización, el reverendo G. Raymond Carlson, y el
secretario ejecutivo, reverendo José Flower. Cada noche
las reuniones masivas se realizaban en el Palacio de los
Deportes Virgilio Travieso Soto.
Tras la salida del reverendo Félix Hernández asumió
la superintendencia el reverendo Miguel García, desde el
1992 hasta el 1998.
La gestión del reverendo García se caracterizó por un
deseo ferviente de lograr un crecimiento considerable de
la obra nacional. Para ese entonces se realizaron estudios
estratégicos sobre la forma de plantar iglesias en los puntos
de la capital y del país donde las Asambleas de Dios no
tenían presencia.
En el 1998 llegó a la superintendencia del concilio el
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reverendo Silverio Manuel Bello quien se mantuvo en la
posición hasta el 2004.
Al hermano Bello le tocó lidiar con una situación muy
difícil debido a los duros estragos causados por el huracán
Georges. Este fenómeno trajo como consecuencias grandes
perdidas económicas. Hubo muchos templos que fueron
completamente arrasados por la furia de los vientos.
El concilio recibió la visita y la asistencia de grupos enteros
de misioneros que llegaron al país con recursos y mano de
obra para trabajar en la reconstrucción de las iglesias que
fueron devastadas y golpeadas por Georges. Las Asambleas
de Dios fueron el medio usado, también, para que agencias
misioneras canalizaran alimentos, ropas y medicinas a los
lugares donde los vientos del huracán agudizaron más la
pobreza de muchas personas, incluyendo muchos hermanos
y obreros.
Durante la gestión de Bello se efectuaron varias campañas
evangelistas multitudinarias. La primera tuvo lugar en
el Estadio Olímpico Juan Pablo Duarte. Se trató de una
actividad impactante para el país y para la comunidad
evangélica. El predicador fue el evangelista Carlos
Anacondia. La segunda jornada fue realizada en el Estadio
Quisqueya con el evangelista Claudio Freidzon. Cada una
de esas actividades, que fueron llevadas a Santiago y a San
Pedro de Macorís, hubo una concurrencia extraordinaria. El
Estadio Olímpico se convirtió en una iglesia gigante donde
acudieron miembros de las Asambleas de Dios y de otros
concilios y organizaciones hermanas.
La superintendencia del hermano Bello logró lo que por
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muchos años no había podido ser posible: concitar la atención
de los medios de comunicación hacia el concilio. Cada una
de las actividades extraordinarias de las Asambleas de Dios
contaba siempre con la reseña en la prensa nacional. Se trata
de un fenómeno que se ha mantenido hasta el día de hoy.
Desde entonces, el concilio aprovecha la celebración de
sus convenciones y ocasiones especiales para emitir al país
proclamas y declaraciones públicas con relación a los problemas
sociales, políticos, económicos y religiosos que afecten a los
ciudadanos y a la obra nacional.
En el 2004 el reverendo Bello terminó su gestión y fue
sustituido por Alejandro Pérez Jerónimo quien ganó las
elecciones de ese año. En el certamen estuvieron corriendo los
ministros Miguel García y Manuel Rivera.