Záfate de las arenas movedizas

#EnergiaPositiva

Mucho antes de la película Tiburón, antes de que Indiana Jones se viera atrapado en trampas mortales y antes de que la animación por computadora hiciera revivir a los zombis, las arenas movedizas protagonizaban algunas de las escenas más aterradoras que se veían en la pantalla grande. Casi no había película de Tarzán en la que no rescatara de esas arenas a un pobre inocente, o en la que no se viera borbotear hasta la superficie del lodo el último soplido de algún villano.

Las adversidades, como las arenas movedizas, también amenazan con aprisionarnos. Cuanto más nos agitamos, más nos hundimos. Sin embargo, la situación rara vez es tan terrible como parece. Según las leyes de la física, es prácticamente imposible que una persona se hunda más allá de la cintura en arenas movedizas. Puede que zafarse sea difícil y tome un rato, pero la persona atrapada no se hundirá del todo. Análogamente, quienes tienen verdadera fe en Dios no se hunden más allá de cierto punto ni permanecen mucho tiempo enredados en sus problemas.

Buscando en Google, uno encuentra diversos consejos para escapar de las arenas movedizas. Si trasladamos esas recomendaciones al ámbito de la resolución de problemas por la vía de la fe, la estrategia sería la siguiente:

• No te dejes dominar por el pánico. El miedo hará que te hundas más rápido. Procura relajarte. Controla tu espíritu y confía en que Dios se hará cargo de todo.

• Ora. Dios siempre tiene un plan mejor que el que tú puedas idear por tu cuenta.

• Libérate de pesos innecesarios. Los apuros tienen la particularidad de hacernos ver en su real dimensión las cosas que no tienen tanta importancia.

• Recuéstate y distribuye tu peso. Apóyate en Dios. «Por siempre te sostiene entre Sus brazos» (Deuteronomio 33:27, NVI).

• Ten paciencia. Los movimientos pausados dan mejores resultados que las reacciones histéricas.

• Descansa periódicamente. Despeja tu mente y renueva tu espíritu meditando sobre enseñanzas positivas y edificantes de la Palabra de Dios.

Juan 14:1 No se angustien. Confíen en Dios, y confíen también en mí.

Juan 16:33 Yo les he dicho estas cosas para que en mí hallen paz. En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo.

2 Corintios 7:1 Como tenemos estas promesas, queridos hermanos, purifiquémonos de todo lo que contamina el cuerpo y el espíritu, para completar en el temor de Dios la obra de nuestra santificación.

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