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UN PAQUETE MUY BIEN ENVUELTO

UN PAQUETE MUY BIEN ENVUELTO

Los altibajos de la vida pueden dejar nuestra fe en situación precaria. En vista de ello, ¿cómo podemos incrementarla? La Biblia dice que «la fe viene como resultado de oír […] la palabra de Cristo». Desenvolvamos ese paquete, capa por capa.

La fe…
¿Qué es la fe? Joseph Fort Newman dice: «La fe es una llama en el corazón», mientras que Hannah Whitall Smith señala: «La fe no es tangible en absoluto. Consiste simplemente en creer en Dios».

Abraham tenía fe. Cuando Dios le dijo que se fuera de donde estaba, salió sin saber exactamente adónde se dirigía. Moisés tenía fe. Salió de Egipto por orden de Dios, sin saber tampoco a dónde iría a parar. Una prostituta llamada Rahab tuvo fe; protegió a los espías israelitas, y Dios la amparó a ella cuando las murallas de Jericó se derrumbaron a su alrededor.

Dios cumplió con ellos y lo hará también con nosotros.

Dios mío, a veces mi fe flaquea, pero Tú eres el cimiento sólido en el que puedo poner mi confianza.

«Roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en Él confiaré». Salmo 18:2

La fe viene…
El antiguo pueblo de Israel había esperado mucho tiempo la venida del Mesías. Cuando por fin apareció, no estaba vestido con elegantes ropajes ni con ostentación. No llegó a la cabeza de un ejército, ni acompañado de los honores de Estado, sino con sencillez, pobreza y amor, montado sobre un burrito.
Cuando la fe llega, no siempre viene envuelta como esperábamos.

Dios mío, gracias por venir a mí.

«El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; y a los asentados en región de sombra de muerte, luz les resplandeció». Mateo 4:16

La fe viene como resultado de oír…
«El que tenga oídos para oír, que oiga.» Mateo 11:15 (RVC)

No podemos escuchar si no paramos lo que estamos haciendo y nos concentramos. Cuando Samuel oyó la voz de Dios en la noche, respondió: «Habla, Señor, Tu siervo escucha».

María, la hermana de Marta y Lázaro, también sabía escuchar. La Escritura dice que «sentándose a los pies de Jesús, oía Su palabra».

Jesús recorrió el país sanando y enseñando. Cundió la noticia, «y se reunía mucha gente para oírle, y para que les sanase de sus enfermedades». No obstante, fue necesario que la gente hiciera silencio para poder escucharlo.
No podemos oír realmente a menos que escuchemos.

Dios mío, ayúdame a acallar mis propios pensamientos por unos momentos y a escuchar para que pueda oír realmente.

La fe viene como resultado de oír la palabra…
¿Qué causó tanto revuelo en Jerusalén el día en que los discípulos de Cristo recibieron la infusión del Espíritu Santo? La ciudad estaba repleta de gente con motivo de una festividad; muchos eran extranjeros, procedentes de lugares tan lejanos como Roma, Egipto y Asia Menor. Había gente de muy diversas nacionalidades que hablaba distintas lenguas; sin embargo, todos entendieron lo que dijeron los discípulos: «Les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios».

Seamos quienes seamos, Dios habla nuestro idioma. Se comunica con palabras que podemos entender, a través de la Biblia, de otros escritos inspirados y con Su voz delicada y apacible. En nuestros ratos de comunión con Él podemos captar Sus mensajes.

Amado Señor, quiero escuchar Tus palabras, para conocerte mejor y recibir Tu aliento.

La fe viene como resultado de oír la palabra de Cristo.
«¿Descubrirás tú los secretos de Dios? ¿Llegarás tú a la perfección del Todopoderoso?» La respuesta es obvia. Evagrio Póntico escribió en el siglo iv: «Dios no puede ser comprendido por la mente. Si eso fuera posible, no sería Dios». Afortunadamente la comprensión no es requisito previo para el amor; podemos reposar seguros en el amor de Dios porque Él nos demostró lo mucho que nos ama al enviar a Su Hijo a morir por nosotros.

Dios mío, que pueda descansar siempre en Tu amor, aunque no comprenda su misterio.

«Le pido que, conforme a la riqueza de Su gloria, Su Espíritu los llene de fuerza y energía hasta lo más íntimo del ser. Que Cristo habite, por medio de la fe, en el centro de la vida de ustedes y que el amor les sirva de cimiento y de raíz. Serán así capaces de entender, en unión con todos los creyentes, cuán largo y ancho, cuán alto y profundo es el amor de Cristo; un amor que desborda toda ciencia humana y los colma de la plenitud misma de Dios.» Efesios 3:16–19 (BLPH)

«Dios es una esfera infinita cuyo centro está en todas partes y cuya circunferencia en ninguna». San Agustín de Hipona (354–430)

«No puedo determinar dónde comienza Dios y mucho menos dónde termina. Pero mi creencia se expresa mejor si digo que el comienzo de Dios no tiene fin». André Gide (1869–1951)

Romanos 10:17 (NVI) Así que la fe viene como resultado de oír el mensaje, y el mensaje que se oye es la palabra de Cristo.

Santiago 2:19 (NVI) ¿Tú crees que hay un solo Dios? ¡Magnífico! También los demonios lo creen, y tiemblan.

Mateo 21:22 (NVI) Si ustedes creen, recibirán todo lo que pidan en oración.