21 de Junio: Sostiene mi mano

Escucha:

Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo. (Isaías 41:13)

Piensa:

Tender la mano para saludarnos es una señal de bienvenida. Ofrecer nuestra mano a un niño cuando vamos caminando en medio de gran cantidad de personas o en la acera, muy cerca de la calle, es señal de protección, acariciarlo cuando llora es muestra de compasión y consuelo. En momentos de dolor, angustia o de gran emoción podemos tomar la mano de un familiar o amigo para demostrarles que cuentan con nuestra presencia; para decirles «Estoy contigo». En el lecho de un hospital, apretamos la mano de un ser querido enfermo, para hacerle saber que, en medio de nuestro corazón afligido por la situación, nos fortalecemos para hacerles saber que sufrimos con ellos. Cada vez que tomamos una mano, estamos dando testimonio de aquello que Dios ha sembrado en nuestro corazón.

Y es que, es ello, el retorno al Señor del amor que nos demuestra cada día. Él nos brinda Su mano incondicional, y al borde del abismo nos sostiene. En momentos de dolor y sufrimiento nos consuela y da esperanzas, en las horas más oscuras de incertidumbre y ansiedad nos dice: «ven, llevo Tus cargas, descansa en Mí» y en momentos de paralizante miedo, sobre el amenazante futuro nos dice que no debemos temer porque Él se encuentra con nosotros en cada paso del camino que ya de antemano conoce.

Y al final todo ello configura la maravilla de nuestro Dios, un Padre que nos brinda Su presencia en la prueba, Su gracia en la alegría y las bendiciones que nos provee y Su testimonio cuando nuestro corazón cambia y se vuelca a devolverle a otros, tendiendo nuestra mano, ofrenciendo una palabra de apoyo, proveyendo de aquello que tenemos, una parte, tal vez pequeña, pero suficiente del amor que Él, cada día, nos regala sin condiciones.

Ora:

Señor, Te agradezco porque me tiendes Tu mano cuando sabes que puedo caer o cuando he caido ante las batallas de la vida. Pérdoname las veces en las que, por la angustia o el miedo, he olvidado esa gran verdad, que Tu mano esta siempre dispuesta a levantarme y rescatarme. Eres mi roca y refugio, mi perfecto ayudador. Gracias Padre. Amén. 

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