Vivir bien con menos

#Devocional

Muchas son las ventajas de aprender a vivir con arreglo a la premisa de que menos es más. La vida moderna y los hábitos que forja nos impiden de algún modo ver esos beneficios. Parte del problema radica en que vivimos tan ocupados que rara vez nos tomamos el tiempo para considerar detenidamente lo que hacemos. Nos dejamos llevar por la corriente, nos movemos por inercia; sin embargo, el ritmo que llevamos ocasiona muchas veces una merma de valiosos recursos, salud y felicidad. He aquí unos consejos para cambiar de ritmo.

Autopropulsión. Muchas personas están tan acostumbradas a subirse al auto para ir a cualquier parte que no se dan cuenta de lo entretenido, ecológico y saludable que es caminar unas cuadras hasta el gimnasio —lo cual además puede servir de precalentamiento, con lo que se ahorra tiempo— o hasta cualquier otro sitio al que sea factible llegar a pie. También se puede salir en bicicleta. Además de hacer ejercicio y respirar aire fresco, puedes reducir de manera importante tu huella de carbono, disfrutar del recorrido y ahorrar dinero. Además el ejercicio es un saludable estimulante natural que aumenta nuestro nivel de energía. Otras opciones relativamente económicas y ecológicas son usar los medios de transporte público o trasladarse al lugar de trabajo en el mismo vehículo que otros compañeros.

Productos naturales. Beber bastante agua y comer abundantes frutas y verduras —incluidas las de estación, que suelen contener muchos nutrientes y, sin embargo, no son costosas— aumenta nuestra resistencia y por ende reduce los gastos médicos.
Las frutas y verduras del país en muchos casos tienen tanto valor nutritivo como los costosos suplementos del extranjero como la espirulina o las cápsulas de aceite de Shaji. Según lo que se consiga a precios asequibles en la zona en que resides, bien podría ser que algunos de los mejores productos cosméticos y de salud sean de los menos costosos; hasta puede que ya los tengas en la cocina.
Refregarse el cuerpo con jabón, sal y una esponja de luffa puede tener el mismo efecto suavizante que un producto cosmético caro a base de ingredientes exóticos. Un puré de papaya puede hacer las veces de exfoliador y es mucho más barato que un tratamiento con ácido glicólico. (Eso sí, no te lo dejes por más de 10 minutos.) El aceite de oliva es estupendo para dar brillo a los labios y es inocuo si se ingiere sin querer o se besa a alguien. De todas maneras, antes de probar cualquier suplemento dietético o producto cosmético elaborado en casa conviene averiguar cuáles son sus beneficios y posibles efectos adversos. Normalmente se aconseja proceder con moderación.
Quizá no tengas mucho tiempo para preparar tus propias lociones y pócimas. Sin embargo, es posible —y de hecho bastante sencillo— comer sano y vivir bien aun con un presupuesto limitado. Si cultivas buenos hábitos, puedes darte algún lujo de cuando en cuando, como un tratamiento para los pies o una comida especial.

Recicla. Busca en tu armario un atuendo nuevo entre la ropa que no has usado desde hace un tiempo. Esas prendas, con unos arreglos o combinándolas con algo nuevo, pueden lucir estupendas. Otra opción es organizar una reunión con tus amigos y amigas para intercambiar ropa y artículos que tengan poco uso, antes de donar lo demás a obras de caridad. Arregla los artículos desgastados o reparables, o dáselos a alguien que sepa hacerlo. En la medida de lo posible, evita la acumulación de papel y los desechos que eso genera. Es preferible guardar archivos computacionales y comunicarse por correo electrónico.

Hazlo tú mismo. Aprende a hacer tú mismo algunas de las tareas que hasta ahora pagabas a otros para que te las hicieran. Te ahorrarás dinero, adquirirás más habilidades y hasta puede que te aficiones a algo nuevo.

Guíate por tus principios. La obsesión por no ser menos que los demás resulta costosa en muchos sentidos. Jesús enseñó que «la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee» (Lucas 12:15). También nos indicó la formula para obtener la bendición de Dios, ser felices y sentirnos realizados: «Buscad primeramente el reino de Dios y Su justicia, y todas estas cosas —las que de veras sean necesarias— os serán añadidas» (Mateo 6:33).

Vivir en régimen cooperativo. Vivir o realizar actividades en cooperación con familiares o amigos de ideas afines es más eficiente en términos de costos y trabajo que llevar una vida muy independiente. Además, genera un sentido de comunidad y constituye un paso más para aprender a amar al prójimo como a nosotros mismos, que precisamente es otra de las claves para obtener la bendición divina y disfrutar de auténtica felicidad. Dios es un guía y un instructor fenomenal, el mejor coach de vida. Cuando seguimos Sus preceptos espirituales descubrimos que en realidad puede resultar más fácil y más entretenido vivir con menos.

1 Corintios 6:12 (NVI) Todo me está permitido», pero no todo es para mi bien. «Todo me está permitido», pero no dejaré que nada me domine.

Romanos 5:8 (NVI) Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros.

Hechos 4:12 (NVI) De hecho, en ningún otro hay salvación, porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres mediante el cual podamos ser salvos.

Vivir bien con menos
Scroll hacia arriba